La verdadera unidad entre los creyentes no es un simple acuerdo superficial, sino que tiene su origen y ejemplo en la obra de Cristo, quien nos recibió a cada uno con amor y hospitalidad, sin importar nuestras diferencias. Así como Cristo nos aceptó, somos llamados a recibirnos y aceptarnos mutuamente, dejando de lado prejuicios y divisiones, para que juntos podamos reflejar la gloria de Dios. Esta aceptación mutua no es solo una instrucción, sino una respuesta al ejemplo y la gracia que hemos recibido de Jesús, quien nos unió en un solo cuerpo para cumplir Su propósito. [07:30]
Romanos 15:7-9
Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios. Pues os digo que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres, y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia.
Reflexión: ¿A quién en tu comunidad de fe te cuesta recibir o aceptar? ¿Qué paso concreto puedes dar hoy para acercarte a esa persona y reflejar el amor de Cristo hacia ella?
Las Escrituras no solo son relevantes para el pasado, sino que siguen siendo vivas y aplicables hoy, dándonos esperanza, consuelo y dirección para vivir en unidad y misión. Toda la Palabra de Dios apunta a Cristo y nos impulsa a salir de nuestra comodidad para llevar el Evangelio a otros, recordándonos que Dios es fiel y cumple sus promesas. Al meditar en la Biblia, encontramos fuerza para perseverar juntos, aprender a amarnos y ser movidos a la adoración y a la acción, sabiendo que la Palabra sigue siendo eficaz en nuestras vidas. [15:37]
Romanos 15:4
Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.
Reflexión: ¿Qué promesa o verdad de la Palabra de Dios necesitas recordar hoy para fortalecer tu esperanza y tu compromiso con la unidad en la iglesia?
Aunque debemos esforzarnos por amar y aceptar a los demás, la verdadera unidad no es algo que fabricamos por nuestras propias fuerzas, sino un don que recibimos de Dios a través del Espíritu Santo. Es el Espíritu quien nos llena de gozo, paz y esperanza, y nos capacita para caminar como un solo cuerpo, superando las dificultades y diferencias que puedan surgir. Por eso, nuestra oración debe ser que Dios mismo nos llene y nos permita vivir en esa unidad sobrenatural que solo Él puede dar. [21:03]
Romanos 15:13
Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.
Reflexión: ¿En qué área de tu vida necesitas pedirle hoy al Espíritu Santo que te llene de gozo, paz y esperanza para poder vivir en unidad con otros creyentes?
La verdadera unidad cristiana no significa tolerar todo sin discernimiento, sino que implica la capacidad de amonestarnos y corregirnos unos a otros con amor, gracia y sabiduría, siguiendo el ejemplo de Jesús, quien fue lleno de gracia y de verdad. Recibir sin amonestar es indiferencia, y amonestar sin recibir es arrogancia; solo el amor de Cristo nos permite hacer ambas cosas bien, fortaleciendo así la comunidad y ayudándonos a crecer en madurez espiritual. La corrección hecha en amor no destruye la unidad, sino que la profundiza y la hace más genuina. [27:31]
Juan 1:14, 17
Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad... Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
Reflexión: ¿Hay alguien a quien debas acercarte con humildad y amor para corregir o animar en la verdad? ¿Cómo puedes asegurarte de hacerlo con gracia y sabiduría, reflejando el carácter de Cristo?
Dios nos llama a cumplir la misión de llevar el Evangelio a donde no ha sido anunciado, y esto requiere tanto esfuerzo diligente como una profunda dependencia del poder del Espíritu Santo. No basta con palabras o solo con obras; ambas deben ir acompañadas del poder de Dios, quien confirma Su mensaje con señales y transforma vidas. Al trabajar juntos, levantando nuestras velas mientras el Espíritu sopla, experimentamos el gozo de ver a otros conocer a Cristo y cumplimos nuestro propósito de ser luz y calor en el mundo. [38:28]
Marcos 16:20
Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.
Reflexión: ¿Qué paso concreto puedes dar hoy para participar activamente en la misión de Dios, confiando tanto en tu esfuerzo como en la guía y el poder del Espíritu Santo?
Hoy reflexionamos sobre la importancia de la unidad en el cuerpo de Cristo, usando la imagen de una fogata: cuando los leños están juntos, el fuego permanece vivo y cumple su propósito de dar luz y calor; pero cuando se separan, se apagan y pierden su razón de ser. Así también, cuando los creyentes permanecen juntos, el fuego de nuestra fe y misión se mantiene encendido. La unidad no es solo un ideal, sino una necesidad para que la iglesia cumpla su llamado de llevar el Evangelio al mundo.
Esta unidad tiene su origen y ejemplo en Cristo, quien nos recibió a todos, judíos y gentiles, para la gloria de Dios. Él cumplió las promesas hechas a los patriarcas y extendió la misericordia de Dios a todos los pueblos. Nuestra unidad, entonces, no es superficial ni basada en afinidades humanas, sino en la obra redentora de Cristo, quien nos llama a recibirnos y aceptarnos mutuamente como Él lo hizo con nosotros.
La unidad se sostiene en la Palabra de Dios. Pablo muestra cómo toda la Escritura —la Ley, los Salmos y los Profetas— apunta a Cristo y a la inclusión de los gentiles en el pueblo de Dios. La Palabra sigue siendo viva y aplicable hoy, dándonos esperanza, consuelo, dirección y motivándonos a la misión y la adoración. No es un libro antiguo sin relevancia, sino la voz de Dios que nos impulsa a vivir y a servir.
Además, la unidad es obra del Espíritu Santo. Aunque debemos esforzarnos en amar y aceptar a los demás, solo el Espíritu puede darnos el gozo, la paz y la perseverancia necesarios para mantenernos unidos. La verdadera unidad tampoco excluye la verdad: amarnos implica también corregirnos y amonestarnos unos a otros con gracia y sabiduría, siguiendo el ejemplo de Jesús, lleno de gracia y de verdad.
Finalmente, la unidad madura nos lleva a la misión. No fuimos llamados solo a recibir, sino a dar, a discipular, a llevar el Evangelio a quienes nunca lo han escuchado. La misión se cumple con palabras, obras y el poder del Espíritu Santo. Dependemos de Dios, pero también nos esforzamos, levantando las velas para que el Espíritu sople y nos lleve más allá de lo que imaginamos, hasta que la luz de Cristo llegue a todos los rincones.
Nuestro fuego por el Señor, nuestra llama, nuestro propósito que tenemos por el Señor. Muchas veces las ganas de servir la carga por el evangelismo se van apagando conforme nos separamos. Cuando un creyente se separa, se separa, se comienza, poco a poco, no pasen un segundito, poco a poco, su fuego comienza a apagarse, deja de ser alimentado por los demás y pierde su propósito. Deja de brillar y deja de dar calor. Algo así le pasa a la iglesia y algo así estaba en riesgo de pasarle a la iglesia en Roma. [00:02:25] (41 seconds) #FuegoPorElSeñor
Todas las escrituras apuntan a Cristo. Toda la palabra de Dios. Cuando tú agarras la palabra, mira, sí hay implicaciones, hay promesas lindas para nosotros. Y tú lees a David y a Goliat, y claro, nos gustaría decir, sí, sí, Goliat son mis enemigos, yo soy David. La escritura apunta a Cristo. Tú no eres David, Jesús es David. Jesús es el que salió a vencer al gigante que parecía invencible. El gigante del pecado, el gigante de la muerte. [00:16:58] (32 seconds) #EsperanzaYConsuelo
Tú y yo nos esforzamos en amar y en aceptar, pero solo el Espíritu de Dios puede darnos el deseo, el gozo y la paz que son necesarias para que esto pase. Cuarto punto acerca de la unidad. Es que la unidad, miren, no excluye. Y esto es lindo y sobre todo muy relevante para nosotros en este tiempo. La unidad no excluye a la verdad. [00:21:12] (26 seconds) #UnidadConVerdad
El recibir, el aceptar y el tolerar no es un sinónimo de abrazar todo. No es un sinónimo de dejar el criterio en la puerta. No excluye la corrección y la verdad que debemos darnos en amor. Y esto lo vemos en todas partes. Pero sobre todo, lo vemos en la vida de nuestro Señor Jesucristo. Que es nuestro modelo para todo. [00:23:01] (24 seconds) #AmorQueCorrige
La verdadera unidad no es tan frágil que una sola palabra de corrección o amonestación vaya a destruir. A veces creemos, ay, no es que si yo le digo... La verdadera unidad del Espíritu no es tan frágil. Claro, debemos hacerlo con gracia y con tacto. O sea, si tú vas a corregir o amonestar a alguien, por favor, ora mucho antes que el Señor te dé la gracia, te dé el tacto, te dé las palabras correctas. [00:26:36] (31 seconds) #RecibirYAmonestar
Recibir sin amonestar es indiferencia. Amonestar sin recibir es arrogancia. Y solo el amor de Cristo puede hacer ambas cosas al mismo tiempo. Entonces vemos el llamado de Pablo a los romanos diciendo, ¡Ey! Recibanse unos a otros, amonéstense unos a los otros, caminen juntos unos. Ya es suficiente, judío y gentil, no. Trabajen juntos. Porque tenemos una obra por delante. [00:28:20] (32 seconds) #MandatoConGozo
Tiene que llegar un punto. Miren, póndame atención. Tiene que llegar un punto. Donde nos tenemos que dar cuenta. Ya hemos recibido un montón. Ya hemos recibido bondad. Ya hemos recibido conocimiento. Y tiene que llegar un punto. Donde ya dejo de ser un receptor. Para comenzar a ser un dador de lo que he recibido. O sea, no es posible. Yo conozco personas. 25 años en Cristo. Y siguen siendo bebés espirituales. No, llega un punto donde ya estamos llenos de bondad. Ya estamos llenos de conocimiento. Ya vamos. Hagamos algo con todo eso. [00:29:55] (39 seconds) #MinisterioIntegral
Dependemos de la obra y del poder del Espíritu Santo. Pero nos esforzamos. Dando todo lo que hay en nuestro corazón. Y en nuestras fuerzas. Para hacer lo que nos llamó a hacer. De esta manera. Me esforcé. Dice Pablo. Y miren. Diligencia. Esfuerzo. Perdón. Dependencia. La dependencia del Espíritu Santo. Sin diligencia. Es pasividad. Pero. Diligencia. Sin dependencia. Es activismo. Activismo vacío. Muchas veces. [00:38:55] (32 seconds)
El Señor. Siempre nos va a llevar. Un poquito más lejos. De lo que queremos ir. Versículo 20. Versículo 20. Miren lo que. Lo que dice. La segunda parte del 20. Dice así. Dice. No donde ya hubiese sido nombrado. O sea. Me esforcé en predicar el Evangelio. No donde Cristo. Ya hubiese sido nombrado. Sino para no. Para no edificar. Sobre fundamento ajeno. Sino como está escrito. Aquellos a quienes nunca les fue anunciado. Acerca de él. Verán. Y los que nunca han oído de él. Entenderán. [00:39:53] (28 seconds)
Que no seamos esa iglesia. Donde los domingos. Juntamos todos los leños. Y la fogata. Wow. Bría alto. Y después separamos todos los leños. Y durante la semana. Los vemos como se van apagando. Y apagando. Y apagando. Estemos ahí juntos. Que nos exhortemos. Unos a otros. Nos animemos. Unos a otros. Y que eso haga que nuestro fuego. Crezca más. Y que entonces. Cumplamos nuestro propósito. Que es. Ser luz en el mundo. Y darle calor. O sea. Si usamos este ejemplo. De los leños. A los que nos rodean. [00:44:33] (39 seconds)
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