En esta mañana, hemos concluido un seminario de doce semanas con las parejas de nuestra congregación, donde hemos compartido profundamente en la Palabra de Dios. Hemos explorado cómo la unidad es fundamental en nuestras vidas, no solo en el matrimonio, sino también en nuestra relación con Cristo y dentro de la comunidad de la iglesia.
Comenzamos con una reflexión sobre cómo la unidad es el diseño y el deseo de Dios para nosotros, destacando que el matrimonio es una excelente plataforma para vivir y practicar esta unidad. La unidad trae propósito y transformación, y es crucial para enfrentar los desafíos de la vida juntos. Oré por la guía del Espíritu Santo para que nos ayude a vivir según el propósito divino, enfatizando que la Palabra de Dios es vital para transformar y guiar nuestros corazones.
A lo largo de la predicación, enfaticé la importancia de estar arraigados en la Palabra de Dios. María, al sentarse a los pies de Jesús, mostró cómo debemos dedicar tiempo a entender y absorber la Palabra, lo que nos permite estar firmes en un mundo que constantemente cambia y a menudo se deteriora. La Palabra de Dios es eterna y debe ser el fundamento de nuestras vidas.
Además, hablé sobre la necesidad de profundizar en nuestra vida de oración. Jesús mismo dedicó tiempo a la oración, lo que subraya su importancia. La oración no es solo una práctica religiosa; es una búsqueda profunda y constante que fortalece nuestra relación con Dios y nos sostiene en tiempos de dificultad.
Abordé el tema de la unidad versus la uniformidad en la iglesia. La verdadera unidad se basa en la diversidad funcional donde cada uno opera según los dones que ha recibido de Dios, como se describe en 1 Pedro 4:10. Esta unidad no es simplemente hacer todo de la misma manera, sino trabajar juntos en armonía, respetando y valorando las diferentes funciones que cada uno desempeña dentro del cuerpo de Cristo.
Finalmente, concluí con un llamado a la acción para vivir intencionalmente en unidad, tanto en el matrimonio como en la iglesia. Oré por todas las parejas y la congregación, pidiendo a Dios que derribe las barreras y promueva un espíritu de unidad y colaboración entre nosotros.
Key Takeaways
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