Cuando parece que el arroyo se seca y el cielo calla, Dios no te ha perdido la pista. Él conoce tu ubicación, tus dudas y tus fuerzas. En su tiempo, vuelve a hablar y da la siguiente instrucción, ni antes ni después. Aprender a reconocer su mano en lo pequeño y en lo doloroso despierta la fe dormida. Hoy puedes vivir atento a su providencia, seguro de que su guía llegará a tiempo. [09:54]
1 Reyes 17:2–9 — El Señor instruyó a Elías a refugiarse junto al arroyo Querit, prometiendo sostenerlo allí; y cuando el arroyo se secó, volvió a hablarle: levántate y ve a Sarepta de Sidón, porque ya he dispuesto que una viuda se encargue de tu sustento.
Reflection: ¿En qué situación concreta te sientes olvidado por Dios, y qué hábito sencillo de atención (por ejemplo, anotar tres señales de su cuidado cada noche) puedes practicar esta semana?
A veces el plan de Dios no encaja con la lógica: caminar lejos, hacia tierra hostil, y hospedarte con quien menos recursos tiene. Sin embargo, la obediencia sencilla abre el camino de la provisión. “Habita allí” puede significar temporadas largas en lugares estrechos donde se forja carácter. Dios gradúa el horno y no desperdicia ninguna incomodidad. Pon primero su reino en tu oficio, tu casa y tu agenda, y confía en que Él añadirá lo necesario. [13:42]
Mateo 6:31–33 — No se angustien por comida, bebida o vestido; su Padre sabe de qué carecen. Den prioridad al reinado de Dios y a su justicia en todo, y lo demás les será provisto en el tiempo oportuno.
Reflection: ¿Qué acto de obediencia que hoy te parece ilógico (hacer esa llamada, reconciliarte, dar generosamente o renunciar a un hábito) darás como primer paso en las próximas 48 horas?
La harina y el aceite no llegaron en sacos; llegaron en dosis diarias. Dios provee lo suficiente, no siempre lo que deseamos, para formar en nosotros una confianza estable. La queja marchita el corazón, pero la gratitud reconoce su fidelidad constante. Él podría dar abundancia inmediata, pero busca enseñarte dependencia constante. Aprende a recibir el “pan de hoy” con paz y a esperar el “aceite de mañana” sin ansiedad. [26:33]
1 Reyes 17:14–16 — Así habló el Dios de Israel: la harina no se agotará ni el aceite se acabará hasta que envíe lluvia. La mujer hizo conforme a la palabra y, día tras día, hubo suficiente para ella, su casa y Elías; la tinaja y la vasija nunca quedaron vacías, tal como el Señor había dicho por medio de su siervo.
Reflection: ¿En qué aspecto estás pidiendo “sacos llenos” cuando Dios te ofrece “porciones diarias”, y qué gesto de gratitud practicarás hoy antes de dormir?
Lo que Dios trabaja en ti no se queda en ti. El consuelo recibido en tus noches largas se vuelve consuelo que compartes con otros en su madrugada. Tu historia de sustento en Kerit y Sarepta puede encender esperanza en quienes se sienten al límite. Deja que tu experiencia se convierta en un puente de gracia para alguien más. [28:38]
2 Corintios 1:3–4 — Bendito sea el Padre de misericordias, quien nos anima en toda tribulación, para que con el mismo aliento recibido podamos acompañar a los que atraviesan cualquier aflicción.
Reflection: Piensa en alguien que hoy vive su “Kerit” o su “Sarepta”; ¿cómo compartirás esta semana una experiencia tuya y orarás con esa persona de manera concreta?
Cuando llegó la tragedia, Elías no discutió ni se defendió; subió y clamó. Algunas aflicciones corrigen caminos, otras forman carácter; ante ambas, examina tu corazón y corre a Dios. Todo pasa por su despacho, y Él sabe convertir el valle en aula de fe. El que escucha el clamor devuelve aliento y, si no cambia la circunstancia, fortalece al corazón. Mira más allá del dolor inmediato y aferra tu esperanza al Dios que resucita y al Pan de vida que sostiene tu alma. En la prueba de hoy, decide buscar su rostro primero y descansar en su soberanía amorosa. [47:50]
1 Reyes 17:17–24 — El hijo de la viuda enfermó gravemente y murió; Elías lo tomó, clamó al Señor y se tendió sobre el niño, pidiendo que su vida regresara. Dios escuchó y el niño revivió; al entregarlo a su madre, ella reconoció que la palabra de Dios en boca de Elías era verdadera.
Reflection: Si una preocupación te quita el aliento, ¿qué oración breve (una o dos frases) repetirás hoy cuando vuelva el temor, y a quién pedirás que te acompañe en oración esta semana?
Retomé las notas de la sesión previa para subrayar una verdad que necesitamos cultivar: Dios agita nuestro “nido” y nos enseña a ver su mano en todo. Nada queda fuera de su providencia. Con ese lente, seguimos con Elías en Zarepta y el llamado a vivir confiando en Dios un día a la vez. La instrucción que recibe es humanamente ilógica: dejar Kerit, cruzar una tierra seca, entrar al territorio de Jezabel y alojarse con una viuda pobre. Aun así, Elías se levanta y va. La obediencia precede la explicación; muchas de las promesas de Dios se activan en el camino, no antes de dar el paso.
En Zarepta vemos un Dios que orquesta “casualidades”: la viuda en la entrada, el pedido sencillo de agua y pan, y la cruda realidad de su escasez. Elías, formado en Kerit, ahora transmite confianza: primero pide la torta y luego anuncia la promesa. Así funciona con frecuencia: Dios nos llama a actuar confiando, y mientras obedecemos, Él sostiene. La tinaja no se llena hasta el borde, pero tampoco se vacía: provisión suficiente, cotidiana, para cultivar dependencia y gratitud. Como con el maná, el interés de Dios no es solo alimentarnos, sino formarnos.
La fe que fortalece a otros nace de dolores acompañados por Dios. El consuelo recibido se vuelve consuelo que damos. Y cuando pensamos que ya ha sido suficiente, aparece otra prueba: el hijo de la viuda enferma y muere. Ella interpreta su dolor como castigo; yo recordé que no toda aflicción es disciplina por pecado, aunque a veces sí lo es, y hay que discernirlo con un corazón examinable. Elías no se defiende; empatiza, toma al niño, sube, clama. Reconoce que todo pasa por el despacho de Dios y se refugia en Él. Dios oye, el niño revive, y la gloria no recae en el profeta, sino en el Señor. La mujer confiesa: ahora sé que la palabra de Dios es verdad.
La invitación es sencilla y profunda: recibir de Cristo —nuestra harina y aceite— lo necesario para hoy. Confiar cuando falte, agradecer cuando haya, y recordar que el horno de la prueba está medido por el amor del Padre. Mañana traerá su propio “poquito” de gracia. Hoy, obedezcamos.
A veces la quietud trae la pasividad espiritual y cuando no somos desafiados en nuestra fe y en nuestra confianza, no crecemos. A veces Dios intencionalmente precisamente hace eso, mueve nuestros nidos, mueve nuestras circunstancias, las altera y nos coloca en una posición de buscar respuestas, de recurrir y acudir a Él, porque de lo contrario no lo haríamos o lo haríamos muy tímidamente. [00:02:26] (36 seconds) #crecerEnLaAdversidad
vivir confiado tener una fe profunda requiere calentamiento requiere prueba requiere desafío no podemos vaipasearnos eso eso es así y Dios en su gracia transformadora nos permite bajo su supervisión entrar en estos hornos y él gradúa la temperatura y calcula el tiempo a Dios nunca se le ha quemado un bizcocho ni nunca lo saca y le falta no Dios saca y dice perfecto es así [00:35:26] (51 seconds) #feEnLaPrueba
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