Antes de cerrar el año, detente y mira más allá de lo visible. Desde afuera, quizá “todo está bien”, pero por dentro tu alma puede estar encendiendo luces de alerta que no hacen ruido. Trae honestamente a Dios tu cansancio, tus pérdidas, tu ansiedad, tus dudas y también tu gratitud. No esperes que el calendario cambie tus circunstancias; aprovecha este momento para evaluar tu corazón delante del Señor. Él no te pide que finjas, sino que le muestres lo que el “escáner” revela. La esperanza comienza cuando eres sincero con lo que hay dentro. [06:56]
Lamentaciones 3:19–21
Recuerdo la amargura, el desconsuelo y cómo mi alma se encogía por dentro; aun así, decido traer a la mente algo distinto: esto es lo que me devuelve la esperanza.
Reflection: ¿Qué “luz de advertencia” ves encendida hoy en tu alma, y qué práctica concreta (por ejemplo, 10 minutos de silencio y examen al final del día) adoptarás esta semana para presentarla a Dios?
En medio de ruinas, el amor de Dios permanece. No depende de tus resultados, tus emociones o tu desempeño; es un amor de pacto, firme e inmutable. Aun la disciplina que corrige nace de su amor y busca tu bien. En años “buenos” y en años “malos”, Él no te ama más ni menos: su afecto no fluctúa con tus temporadas. Deja que esta verdad se asiente hoy en tu corazón: eres amado en Cristo, aquí y ahora. [20:56]
Lamentaciones 3:22
Las compasiones del Señor no se agotan; su bondad hacia su pueblo no llega a un final, por muy oscuro que parezca el panorama.
Reflection: ¿En qué área confundiste este año el amor de Dios con tus logros o fracasos, y cómo podrías recibir hoy su amor de pacto sin condiciones?
No vives del “ayer”; Dios ya preparó misericordia fresca para “hoy”. Su gracia llega antes de que abras los ojos, suficiente para las luchas y tareas del día. Esto no es licencia para la irresponsabilidad, sino invitación a la confianza: busca primero su reino y su justicia. Suple tus necesidades reales en el tiempo oportuno y te enseña a caminar paso a paso. Su fidelidad presente es más fuerte que tu culpa pasada. [24:05]
Mateo 6:33–34
Den prioridad al gobierno de Dios y a su manera justa de vivir, y lo demás les será provisto; no carguen hoy con el peso de mañana, cada día trae su propio reto y también el cuidado del Padre.
Reflection: ¿Cuál preocupación específica sobre “mañana” repites en tu mente, y qué acción centrada en el reino (por ejemplo, servir, reconciliarte, orar por alguien) harás hoy para desplazar la ansiedad?
Las promesas de Dios son seguras porque nada puede impedir lo que Él ha decidido hacer. A diferencia de nuestras buenas intenciones limitadas, su consejo permanece y su mano no la detiene nadie. Por eso su fidelidad no es un deseo optimista, es una roca donde pararte cuando el futuro es incierto. Entra al nuevo año anclado en su carácter, no en escenarios probables. Su palabra cumple lo que anuncia, siempre. [27:38]
Daniel 4:35
Él obra como quiere en el cielo y en la tierra; nadie puede frenar su mano ni pedirle cuentas de sus decisiones.
Reflection: ¿Qué promesa bíblica necesitas repetirte cada día esta semana, y cómo te la recordarás de forma práctica (alarma, tarjeta en la billetera, fondo de pantalla)?
Lo mejor que puedes recibir no es un cambio de circunstancias, sino a Dios mismo. Aunque todo mejore o se complique, Él sigue siendo suficiente, tu herencia y seguridad. Traza metas sanas, organiza tus finanzas, cuida tu cuerpo; pero no confundas ningún logro con tu tesoro verdadero. Conocer a Dios —no solo saber sobre Él— sacia el alma y consuela heridas. Haz espacio para contemplarlo: su presencia renueva y fortalece más que cualquier éxito. [28:28]
Lamentaciones 3:24
El Señor es aquello que llena mi vida y me toca en suerte; por eso decido esperar en Él.
Reflection: ¿Qué meta buena o regalo de Dios ha empezado a ocupar el centro de tu corazón, y qué práctica concreta (adoración diaria, lectura orante de un salmo, ayuno de redes) te ayudará a recentrarte en que Dios es tu porción?
Al cerrar 2025 se plantea una pregunta más honda que los indicadores visibles: ¿cómo está el alma? No basta con evaluar trabajo, finanzas o relaciones; es necesario conectar el “escáner” del corazón y atender las alertas internas que no siempre hacen ruido. Ese examen honesto abre espacio para mirar la vida delante de Dios, no desde la apariencia, sino desde la verdad del corazón.
Desde Lamentaciones 3 se recorre el valle: ruina, silencio, oraciones que parecen no pasar del techo, alma sin paz. Sin embargo, en el punto más bajo emerge una decisión crucial: “Esto traigo a mi corazón; por esto tengo esperanza.” Nada cambió fuera; cambió la perspectiva. La mirada deja de filtrarse solo por el dolor y se ancla en el carácter de Dios. De allí brotan tres verdades que sostienen en cualquier temporada.
Primero, el amor de Dios no cambia ni termina. Aun en contextos de disciplina y pérdida, su amor es pactual, no caprichoso; no mejora en los años buenos ni se encoge en los difíciles. Segundo, sus misericordias son nuevas cada mañana. La vida no se nutre de la gracia de ayer; cada amanecer llega con provisión fresca, suficiente para el día, invitando a confiar sin caer en irresponsabilidad. Tercero, lo mejor que se puede esperar no es un escenario sino a Dios mismo: “El Señor es mi porción.” Cuando todo lo demás puede ser añadido o quitado, Él permanece; por eso la esperanza no descansa en un calendario más amable, sino en el Dios fiel.
La fidelidad divina no es un deseo optimista; está garantizada por su soberanía. No hay mano que detenga lo que Él determina, por eso sus promesas no dependen de factores que se escapan. Es sabio trazar metas, rendir cuentas y ordenar la vida; pero aun si todas se cumplieran, no serían la herencia mayor. Conocer a Dios —no solo acumular datos sobre Él— ensancha el alma, sana heridas y reubica el deseo. Así, al entrar en 2026, el corazón puede descansar: cuando todo cambia, su amor permanece; al amanecer, su misericordia se renueva; y en cada etapa, Dios mismo sigue siendo la mejor porción.
Nada ha cambiado. Sus circunstancias son las mismas. Jerusalén sigue destruida. Sus hermanos en el exilio siguen en el exilio. El dolor, la hambruna, la pobreza, todavía seguía presente. El pasado no había sido borrado. El futuro seguía siendo incierto. Lo que cambió, hermanos, fue la perspectiva de Jeremías. Jeremías tomó una decisión consciente y dejó de mirar su realidad únicamente a través del dolor, y comenzó a mirar su realidad a través del carácter de dios.
[00:15:31]
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#PerspectivaEnDios
Interesante que Jeremías no dice, ya va a pasar, ¿verdad? Está difícil la prueba, pero esto ya va a pasar. La pobreza ya va a pasar, el hambre ya va a pasar, ya los hermanos van a regresar del exilio. No, Jeremías no dice nada de eso. ¿Sabes qué dice Jeremías? Dios es suficiente. Dios es suficiente. No importa las circunstancias, no importa si las circunstancias mejoran o no, aún no importa si las circunstancias empeoran. Mi mejor porción, mi mayor herencia, lo mejor que yo puedo obtener en esta vida es dios. En medio de la pérdida, Jeremías confiesa que dios mismo es su seguridad y su esperanza, porque cuando todo lo demás ha sido quitado, dios permanece.
[00:28:34]
(53 seconds)
#DiosEsSuficiente
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