La vida no se ajusta a nuestros caprichos; hay realidades firmes, como un faro en la niebla, que nos llaman a corregir rumbo. Salmo 1 nos muestra dos sendas que van en direcciones opuestas y terminan en destinos distintos. No trae mandamientos inmediatos, sino una invitación a considerar con seriedad hacia dónde vamos. La decisión no pasa por lo estridente de las voces que seguimos, sino por la ruta interior que estamos abrazando. Hoy es un buen día para preguntar: ¿mi vida está girando hacia la luz o hacia la niebla? [04:51]
Salmo 1:1–2 — Feliz quien no adopta la manera de pensar de los malvados, ni se detiene en su rumbo, ni se acomoda donde se desprecia a Dios; su placer está en la instrucción del Señor, y rumia sus palabras a toda hora hasta que lo forman por dentro.
Reflection: ¿Qué voz concreta has estado dejando que marque tu rumbo últimamente, y qué paso práctico tomarás esta semana para silenciarla y reemplazarla por un pasaje específico de la Escritura que vas a meditar cada día?
Meditar no es vaciar la mente, sino llenarla con la verdad de Dios hasta que resuene como música de fondo en el alma. Es leer, considerar, orar y luego hablarle a tu propio corazón, para que no seas guiado por impulsos cambiantes. El justo no espera “ganas”; se ancla día y noche en la Palabra, con constancia humilde. No se trata de demostrar desempeño, sino de escuchar, día tras día, la voz del Señor. El deleite crece en el camino, y el Espíritu ordena la motivación mientras perseveras. [25:08]
2 Timoteo 3:16–17 — Toda la Escritura proviene del aliento de Dios y es útil para enseñarnos, corregir nuestros desvíos, enderezarnos y entrenarnos en una vida recta, a fin de que la persona de Dios esté equipada por completo para toda obra buena.
Reflection: ¿En qué momento y lugar específico del día fijarás 20–30 minutos para leer, meditar y orar un pasaje, y qué pequeña renuncia (pantalla, notificación, actividad) harás para proteger ese espacio esta semana?
La vida arraigada en la Palabra se parece a un árbol trasplantado al mejor terreno: estable, verde, y fructífero en su temporada. No todo fruto llega de inmediato, pero llega a su tiempo, porque la raíz tiene una fuente segura. Prosperar no es solo resultado económico; es florecer integralmente en trabajo, familia, relaciones y vida interior. En contraste, la vida desconectada de Dios es liviana como paja, llevada por cualquier viento. La diferencia no es el esfuerzo frenético, sino la raíz que alimenta. [29:46]
Salmo 1:3–4 — Será como un árbol reubicado junto a acequias; da fruto cuando corresponde, sus hojas no se secan, y lo que emprende sale adelante. No así los malvados: son como paja seca que el viento dispersa sin dejar rastro.
Reflection: ¿Dónde percibes sequedad o inestabilidad hoy, y qué práctica sencilla (por ejemplo, meditar un salmo al mediodía el miércoles) podría ayudarte a hundir más tus raíces en las corrientes de la Palabra?
Aunque la arrogancia parezca tener asiento y aplausos, el veredicto final lo da Dios. Los impíos no podrán sostenerse cuando Él juzgue, mientras que el Señor conoce —con amor fiel— el camino de los justos. La envidia se disipa cuando recordamos que la silla de los burladores no es trono, sino banquillo de acusados. El presente puede confundir, pero el final aclara todo: unos caminos se desmoronan, otro permanece. La verdadera seguridad está en ser conocidos por el Señor. [31:43]
Salmo 1:5–6 — Por eso los malvados no resistirán el día del juicio, ni quedarán entre la asamblea de los justos. El Señor atiende y guarda la senda de quienes le pertenecen; el sendero de los malvados acaba en ruina.
Reflection: Piensa en una situación concreta donde te has sentido tentado a admirar o envidiar una “ventaja” obtenida sin honrar a Dios; ¿qué oración breve o recordatorio práctico escribirás hoy para recordar que el Señor conoce tu camino?
El salmo no te invita al orgullo, ni a la autosuficiencia, ni a la derrota; te dirige a Cristo, el verdaderamente Bienaventurado. En Él, el deleite por la Palabra y la vida fructífera se vuelven posibles como obra del Espíritu en nosotros. No leemos para ganar favor, sino como respuesta a haber sido unidos a Aquel que cumplió toda justicia. Desde esa gracia, caminamos con constancia, corrigiendo rumbo cuando sea necesario, con esperanza real. Empieza de nuevo hoy: pequeños pasos sostenidos, con los ojos en Jesús. [42:07]
Mateo 3:16–17 — Cuando Jesús salió del bautismo, el cielo se abrió; el Espíritu descendió y reposó sobre Él como una paloma, y una voz desde lo alto proclamó: “Este es mi Hijo querido; en Él hallo todo mi agrado”.
Reflection: ¿Cuál de los tres errores (compararte con orgullo, depender de tus fuerzas, rendirte sin esperanza) te tienta más ahora, y qué verdad del evangelio y acción concreta de dependencia (por ejemplo, una oración de entrega antes de leer) practicarás esta semana?
En un arranque de año nuevo, se expone con sobria claridad el camino bíblico de los dos destinos. La escena del faro y el carguero sirve de imagen: hay realidades que no se mueven ante nuestras preferencias. Así abre Salmo 1, puerta de entrada al Salterio junto con el Salmo 2: dos caminos, dos vidas, dos finales. La diferencia decisiva no es la velocidad de avance ni la fuerza de las opiniones, sino tres cosas: la fuente que nutre la vida, el fruto que produce y el final al que conduce.
En la fuente, el justo no se rige por el consejo de impíos, el trayecto de pecadores ni el asiento de burladores. La poesía hebrea subraya la deriva progresiva: andar, detenerse y sentarse; consejo, camino y silla; impíos, pecadores y escarnecedores. La normalización del mal no ocurre de golpe; se instala por hábitos y pertenencias. En contraste, el justo halla su deleite en la Torá del Señor y medita en ella día y noche. Meditar no es vaciar la mente, sino llenarla con la Palabra, rumiarla hasta hablar verdad al corazón, convertir lo leído en oración, examen y obediencia concreta.
El fruto de esa fuente es estabilidad y vida: árbol trasplantado junto a corrientes, verde en sequía, fructífero a su tiempo, prosperando integralmente. No es una prosperidad estrecha y financiera, sino la floración de toda la vida bajo el favor de Dios. El impío, por el contrario, es paja sin raíz, fácilmente dispersada. Y el final distingue sin apelación: el impío no se sostiene en el juicio ni permanece entre los justos; el Señor conoce el camino del justo, pero el camino del impío perece.
Se invita a abrazar la centralidad de la Palabra de Dios con una lectura congregacional de toda la Escritura, no como métrica de espiritualidad, sino como disciplina gozosa de escuchar a Dios diariamente. No se lee para llegar a ser la persona del Salmo 1; se lee porque Cristo es esa Persona. Él es el Bienaventurado que cumplió toda justicia, y por unión con Él sus deleites llegan a ser nuestros como fruto del Espíritu. De allí, tres errores a rechazar al aplicar este salmo: la comparación orgullosa, el esfuerzo autosuficiente y la rendición desesperanzada. El camino bíblico es dependencia humilde, disciplina sostenida por gracia y esperanza anclada en Cristo, comenzando el año arraigados en la Palabra y alimentados en la mesa del Señor.
Hermanos, el favor de dios ya lo hemos obtenido en Cristo. Más bien, esta es una invitación a exponernos con paciencia a toda la historia de dios. A sus promesas, a su gracia, a sus advertencias y, sobre todo, a su hijo Jesús. La meta no es dominar la biblia, sino ser formados por la palabra de dios, con el tiempo.
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#FormadosPorLaPalabra
``Entonces, ¿qué hacemos? Si no es ninguno de esos 3 caminos, como leemos el salmo 1, el bienaventurado, del salmo 1, es Jesús. En él, toda su vida dichosa y floreciente, en completo deleite de la palabra de dios, es nuestra. En Cristo, los deleites y deseos de este salmo llegan a ser nuestros, no como una religión de obras inalcanzable, sino como fruto del espíritu.
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#EnCristoSomosBienaventurados
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