Joel hace un llamado al pueblo de Dios: volver a Dios, arrepentirse, volver con todo el corazón. Ese llamado puede parecer extraño cuando alguien piensa que no se ha alejado. Pero el corazón se va endureciendo, y llega un momento en que ya no percibe, no entiende y no escucha. La advertencia de Dios descubre esa condición antes de que lleguen las consecuencias. Dios no advierte porque quiera ver el mal de su pueblo, sino porque no quiere verlo caminar hacia su propia destrucción.
Dios pide algo más que una señal por fuera: “Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos”. El ayuno, el lloro y el lamento acompañan un regreso verdadero, pero no sustituyen un corazón arrepentido. Joel pone delante del pueblo el carácter de aquel que lo llama: Dios es misericordioso y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia. Dios se duele del castigo. Su corrección no significa que haya dejado de amar; su advertencia abre la oportunidad de cambiar de camino.
El llamado de Joel reúne a todo el pueblo. La convocatoria incluye a los ancianos, los niños, los que maman y hasta los recién casados. Los sacerdotes reciben el encargo de llorar entre la entrada y el altar y pedir perdón por la heredad de Dios. La necesidad de volver a Dios no queda reservada para unos cuantos, ni permite que cada cual dé por hecho que está bien.
Jeremías también encuentra esperanza en medio de una condición dolorosa. Jerusalén está destruida y el pueblo está en el exilio, pero la misericordia de Jehová no ha permitido que sean consumidos completamente. Esa misericordia sostiene la esperanza aun después de consecuencias reales y dolorosas.
La soberbia, sin embargo, puede cerrar el oído cuando Dios corrige por medio de otra persona. La corrección recibida de alguien cercano, incluso del cónyuge, puede provocar altivez en lugar de arrepentimiento. El problema no siempre está en quien trae la advertencia, sino en el corazón que se resiste a recibirla. Jeremías encontró esa resistencia cuando quisieron matarlo por anunciar el peligro. La respuesta correcta no es rechazar de inmediato ni aceptar sin discernir. La advertencia debe ponerse a prueba para reconocer si viene de Dios, sin usar el rechazo al mensajero como excusa para no escuchar.
Key Takeaways
Youtube Chapters
- [00:00] - Welcome
- [1:16:14] - La tristeza de advertir y no ser escuchado
- [1:18:37] - Joel: volver a Dios de corazón
- [1:20:37] - La convocatoria a todo el pueblo
- [1:22:23] - El corazón que necesita regresar
- [1:23:34] - Misericordia y esperanza entre las ruinas
- [1:25:18] - La resistencia ante quien trae la advertencia
- [1:27:14] - Jeremías y el rechazo a la corrección
- [1:27:57] - Probar la palabra en lugar de rechazarla