Cuando surge un conflicto entre hermanos, la primera reacción no debe ser ignorar el problema ni compartirlo con otros. El mandato de Jesús es tomar la iniciativa y hablar directamente con la persona que nos ha ofendido. Al buscar un espacio a solas, protegemos la dignidad del otro y evitamos que el chisme dañe la comunión de la iglesia. Este paso requiere humildad y valentía, pero es el camino bíblico para restaurar la paz. El objetivo principal siempre debe ser ganar al hermano y sanar la relación antes de que la herida se profundice. [09:10]
Por tanto, si tu hermano pecare contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. (Mateo 18:15)
Reflection: ¿Hay alguna ofensa que has estado guardando en silencio o comentando con terceros en lugar de hablarla directamente con la persona involucrada?
Antes de abordar a un hermano, es fundamental examinar nuestras propias motivaciones y el estado de nuestro espíritu. Una conversación efectiva debe ocurrir en un momento privado, pronto, pacífico y empático, evitando cualquier rastro de juicio o condenación. Debemos considerar nuestra propia fragilidad, reconociendo que nosotros también somos propensos al error. Al quitar primero la viga de nuestro propio ojo, podemos ver con claridad para ayudar al otro con mansedumbre. La meta no es demostrar quién tiene la razón, sino reflejar el carácter de Cristo en medio de la tensión. [18:03]
¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. (Mateo 7:5)
Reflection: Al pensar en ese conflicto actual, ¿qué "viga" en tu propia actitud o reacción necesitas entregarle a Dios antes de buscar restaurar la relación?
El propósito de confrontar una ofensa no es vencer en una discusión ni humillar a quien falló. Nuestra meta debe ser convencer al hermano de que es amado y valorado, buscando un entendimiento mutuo que evite futuros tropiezos. Es vital cuidar nuestras palabras, hablando desde nuestra perspectiva y sentimientos en lugar de lanzar acusaciones definitivas. Al pedir perdón por nuestra parte en el conflicto, abrimos la puerta para que la otra persona también sea honesta. La restauración verdadera ocurre cuando ambos se comprometen a ayudarse mutuamente a crecer en amor. [21:40]
Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. (Gálatas 6:1)
Reflection: ¿Cómo cambiaría tu enfoque si tu prioridad principal fuera asegurar que la otra persona se sienta amada por ti, incluso mientras discuten el problema?
A veces, a pesar de nuestros mejores esfuerzos, una conversación privada no logra resolver el conflicto debido al ego o la falta de entendimiento. En esos casos, la Biblia nos instruye a buscar el apoyo de uno o dos testigos que actúen como mediadores neutrales. Estas personas pueden ofrecer una perspectiva externa que ayude a sacar la relación del lodo del estancamiento. No se trata de formar bandos, sino de invitar a la sabiduría y la madurez para encontrar una solución justa. El apoyo de líderes o hermanos maduros es un regalo de Dios para preservar la unidad del cuerpo de Cristo. [39:52]
Mas si no te oyere, toma aún contigo uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. (Mateo 18:16)
Reflection: Si te encuentras en un punto muerto en una relación, ¿quién es esa persona madura y neutral a la que podrías invitar para que les ayude a escucharse mejor?
El perdón no es un sentimiento pasajero, sino una decisión consciente de soltar el rencor y la amargura. Debemos perdonar a los demás de la misma manera que Dios nos perdonó en Cristo: de forma gratuita, completa y por iniciativa propia. Si deseamos el bien para quien nos ofendió, es una señal clara de que el perdón ha echado raíces en nuestro corazón. Incluso debemos extender esta gracia hacia nosotros mismos, dejando atrás las culpas del pasado que Dios ya ha borrado. Al vivir en perdón, demostramos al mundo que en la familia de Dios hay algo distinto y sobrenatural. [56:49]
Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. (Colosenses 3:13)
Reflection: ¿Hay alguna ofensa antigua que todavía te genera deseos de ver sufrir al otro, y cómo podrías hoy decidir soltar esa carga ante el Señor?
Mateo 18:15–22 sirve de guía práctica y pastoral para enfrentar ofensas y restaurar relaciones en la comunidad cristiana. La exposición subraya que las faltas no deben ser ignoradas ni acumuladas: la prudencia puede contener la ira, pero pasar por alto lo que sigue molestando solo conduce a explosiones futuras. La instrucción de Jesús exige tomar la iniciativa con el hermano que ha ofendido, iniciando el proceso en privado y pronto, con un ánimo pacífico, empático y sin juicio. El enfoque no es ganar la discusión sino ganar al hermano: la conversación debe comenzar expresando amor, buscando entender la perspectiva del otro y reconociendo la propia responsabilidad cuando aplica.
Se detalla cómo comunicar la queja con cuidado —hablar desde lo que se sintió, evitar acusaciones absolutas, escoger palabras que abran diálogo y hacer preguntas que fomenten escucha. Cuando la reconciliación parece imposible, la ley bíblica permite involucrar a uno o dos testigos como mediadores neutrales; si eso falla, acudir a la comunidad o a la autoridad congregacional para resolver y, en casos de obstinación, aplicar disciplina conforme a la iglesia. El papel del mediador no es apoyar a una parte sino esclarecer ambas versiones y facilitar la restauración.
El perdón se presenta como una decisión que brota del corazón antes de ser manifestada; no es un sentimiento automático ni una ausencia de justicia, sino soltar la amargura para poder tratar con amor el conflicto y procurar la sanidad relacional. También se aborda la necesidad de confesión entre hermanos para liberarse de culpas pasadas y la importancia de perdonarse a sí mismo cuando el arrepentimiento ha sido genuino. Finalmente, se recuerda que toda disciplina y toda reconciliación tienen como modelo la iniciativa de Dios: Él confrontó, ofreció perdón y pagó la deuda que los demás merecían, por lo que la comunidad está llamada a vivir la misma gracia práctica al arreglar sus conflictos.
``Nosotros le habíamos ofendido a él con nuestro pecado, y él tomó la iniciativa. Nos dio la ley para confrontarnos, como no explicar nuestras ofensas, dio su biblia para que pudiéramos reconocer que le hayamos ofendido. Pero luego, en vez de cobrar venganza por el mal que hicimos, él pagó el precio que nosotros merecemos. Él dijo, mire, no lo vine para cargar a tu cuenta, vine para decir que te perdonaré si tan solo pides mi perdón. Todo está arreglado si tan solo aceptas mi perdón.
[01:02:43]
(39 seconds)
#AceptaSuPerdon
Como pastor, mientras más escucho a las personas, más entiendo por qué es que una persona actúa de la forma en que actúa. Al entenderlos, podemos ayudarlos, y puedo no ofenderme cuando se portan de esa forma. Hay personas que que han hecho cosas que en el momento sí me ofendieron, pero luego, cuando entendí un poco más de su historia, entendí por qué hacen lo que hacen. No lo hacen de malas, lo hacen porque su vida ha sido distinta a la mía. Y al entenderlos, puedo quizás ayudarlos y puedo no ofenderme, por ende, escucha.
[00:31:23]
(36 seconds)
#EscuchaSuHistoria
Add this chatbot onto your site with the embed code below
<iframe frameborder="0" src="https://pastors.ai/sermonWidget/sermon/how-to-reprimand-brother" width="100%" height="100%" style="height:100vh;"></iframe>Copy