La temporada nos llena de luces y canciones, pero el centro es que Dios se hizo humano con un propósito mayor que una postal bonita. No basta con contemplar el nacimiento; ese nacimiento anuncia el tuyo: un nuevo comienzo en Cristo. Él vino no solo a nacer, sino a encaminarse a la cruz para darte vida verdadera. La buena noticia es que la gloria que descendió en Belén desea habitar en tu corazón hoy. Abre espacio para que esta Navidad no sea solo historia, sino presencia viva en ti [02:02].
Juan 1:11-14
Vino a los suyos y muchos no lo recibieron; pero a todos los que lo acogieron, creyendo en su nombre, les concedió el privilegio de ser hechos hijos de Dios. No fue por linaje ni por esfuerzos humanos, sino por la obra de Dios. Y la Palabra se volvió carne, vivió entre nosotros, y vimos su gloria, llena de gracia y verdad.
Reflection: ¿Qué práctica concreta podrías adoptar esta semana (por ejemplo, un momento diario de silencio antes de prender las luces del árbol) para abrir tu corazón y que Dios habite en ti, más allá de los adornos de la temporada?
Nicodemo era respetado, estudioso, ejemplar, y aun así Jesús le dijo: “Te hace falta nacer de nuevo”. La religiosidad puede darnos la sensación de cercanía a Dios mientras el corazón sigue lejos. Jesús no busca adulación ni currículum espiritual; busca darte un corazón vivo. Tal vez te acercas de noche, con cautela, esperando una aprobación; Jesús te ofrece una transformación. Hoy es tiempo de dejar las obras como salvavidas y recibir la vida que solo el Espíritu puede dar [11:51].
Juan 3:1-7
Un líder judío llamado Nicodemo visitó a Jesús de noche y reconoció que Dios estaba con Él por las señales que hacía. Jesús le respondió: si no naces de nuevo, no podrás ver el reino. Nacer del agua y del Espíritu es indispensable; lo que nace de la carne es carne, pero lo que nace del Espíritu es espíritu. No te sorprendas: es necesario nacer de nuevo.
Reflection: ¿Qué práctica o mérito religioso te ha dado falsa seguridad últimamente, y cómo podrías invitar a Jesús esta semana a transformar la motivación de tu corazón en lugar de solo mejorar tu desempeño externo?
El nuevo nacimiento no es autocorrección moral; es obra del Espíritu que limpia, reemplaza el corazón de piedra y pone uno de carne. Antes el Espíritu venía sobre unos pocos; ahora es ofrecido a todos los que creen. Como el viento, el Espíritu no se controla ni se fabrica: llega, convence, reordena, da poder, amor y dominio propio. La Navidad se vuelve personal cuando Emmanuel deja de ser “con nosotros” y pasa a ser “en nosotros”. Pide hoy que Dios te haga sensible a Su soplo y te enseñe a obedecer desde dentro [16:29].
Ezequiel 36:25-27
Rociaré agua limpia sobre ustedes y quedarán purificados de sus impurezas y de sus ídolos. Les daré un corazón nuevo y pondré dentro de ustedes un espíritu nuevo; quitaré el corazón duro y pondré uno sensible. Pondré mi Espíritu en ustedes para que caminen en mis caminos y practiquen mis enseñanzas.
Reflection: ¿En qué área percibes dureza o resistencia (control, dinero, imagen, resentimiento) y qué acto sencillo de arrepentimiento y fe podrías practicar hoy para abrirte al soplo del Espíritu?
Un árbol decorado puede lucir espectacular, pero sigue muerto; un árbol vivo se reconoce por su fruto. La vida del Espíritu se evidencia en amor real, gozo que permanece, paz en medio del caos, paciencia en lo cotidiano, bondad espontánea y dominio propio. No se trata de impresionar, sino de permanecer en Cristo y cooperar con Su obrar. Pídele al Espíritu formar en ti lo que no puedes producir por ti mismo. Que esta semana se noten menos “focos” y más fruto verdadero [23:29].
Gálatas 5:22-25
El fruto que el Espíritu produce es amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio; contra tales cosas no hay ley. Los que pertenecen a Cristo han crucificado la vieja naturaleza con sus deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos guiados por el Espíritu.
Reflection: En una situación concreta que sueles enfrentar (tráfico, tensión en casa, presión en el trabajo), ¿qué fruto del Espíritu te falta más y qué práctica pequeña (por ejemplo, una oración breve antes de responder) puedes incorporar para cooperar con Él?
Israel murmuró y fue mordido por serpientes; al mirar la serpiente de bronce, vivían. Así también, mirar a Jesús levantado en la cruz trae vida eterna: no es mirarte a ti, es mirar a Él. La Navidad te invita a levantar la vista del “yo me salvo” hacia el Salvador que habita en ti por el Espíritu. Que cada día tu corazón sea el lugar donde Cristo reina, no un pesebre decorativo sin vida. Hoy elige mirar, creer y vivir desde la cruz hacia la resurrección [42:59].
Juan 3:14-15
Así como Moisés elevó la serpiente en el desierto, es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo el que lo mira y confía en Él no se pierda, sino que reciba vida eterna.
Reflection: ¿Qué carga, pecado o culpa específica necesitas llevar hoy a la cruz, y cómo se verá “mirar a Jesús” en la práctica (una oración de entrega, confesar a un hermano de confianza, o un acto de obediencia pendiente)?
En medio de luces, villancicos y regalos, quise recordar que la Navidad no termina en un pesebre. Es verdad que celebramos el nacimiento de Jesús, pero si lo dejo allí, me pierdo el propósito: Jesús vino a morir, para que tú y yo naciéramos de nuevo. La encarnación no fue una postal bonita; fue el inicio del camino hacia la cruz, donde no solo nos fue dado perdón, sino regeneración. Por eso invité a mirar dos personas en Juan: la mujer samaritana, a quien todos juzgarían como “pecadora evidente”, y Nicodemo, el religioso impecable que llega de noche. A la primera, Jesús le ofrece agua viva; al segundo, le da un diagnóstico: necesitas nacer de nuevo.
Muchos nos parecemos a Nicodemo: hacemos lo debido, conocemos la Biblia, servimos, ofrendamos, pero mantenemos el control y vivimos sin fruto. La religión da la sensación de cercanía con Dios, pero el nuevo nacimiento trae la realidad de Dios habitando dentro de nosotros. Jesús habló de nacer del agua y del Espíritu, y Ezequiel 36 ya lo había anunciado: un corazón nuevo, un Espíritu nuevo, ídolos derrumbados, obediencia posible. El Espíritu es como viento; no lo controlamos, Él nos convence, nos cambia y produce fruto: amor, gozo, paz, paciencia. No se trata de adornos bonitos, sino de vida real.
También confronté nuestra incredulidad práctica: ¿cuándo fue la última vez que vimos al Espíritu obrar con poder? A veces vivimos como árboles con focos, brillando por fuera, pero sin fruto por dentro. El camino no es intensificar la auto-superación, sino mirar a la cruz. Como la serpiente levantada en el desierto, quien mira a Jesús vive. El Emmanuel no es solo “Dios con nosotros”, sino “Dios en nosotros”. Navidad es Dios mudándose al corazón que abre la puerta. Por eso oré: Señor, dame un nuevo corazón; habita en mí. Que esta temporada no sea solo emoción, sino transformación. No vivamos como si Dios fuera un visitante ocasional; Él vino para quedarse. Y cuando Él habita, nacemos de nuevo y comienza la vida verdadera.
Sería muy pobre en nuestra parte si dejamos a Cristo en el pesebre. Si lo dejamos ahí rodeado de todo lo lindo que es la pintura de la Navidad. Sería muy paupérrima nuestra manera de pensar y de conectarnos con Dios si pensamos que lo único que Cristo vino a hacer es a nacer. El Hijo de Dios se hizo carne, habitó entre nosotros, caminó hacia una cruz con una mirada de objetivo determinado y en esa cruz no solo consiguió nuestro perdón, sino nuestra regeneración. Regeneración, nuestro renacimiento, nacer de nuevo. [00:04:01] (37 seconds) #NacerDeNuevo
Que lo que necesitamos realmente para estar cerca de Dios, no es solo recordar la Navidad, es nacer de nuevo. Y probablemente alguno dirá, no, pues eso para mí como que ya es un punto visto, ¿no? Como que mejor me hubiera ido a un convivio que tenía, pero me vine acá porque pensé que iba a haber algo nuevo. Esto que voy a hablar el día de hoy es un reto, es un desafío, sobre todo para los que hemos dicho que somos creyentes. Es como hacer un test de autoevaluación, es decir, voy a ver cómo andan mis conceptos de fe. Vamos a revisar realmente si soy una persona nacida de nuevo. [00:04:46] (34 seconds) #TestDeFe
Y algo que me encanta a mí de la Biblia es que utiliza el método de estudio de casos para que aprendamos, ¿no? De un caso aprendemos un montón. Y hoy vamos a hablar de dos casos. De dos casos que me parece a mí que son muy relevantes. Uno es el caso central que hablaremos y es cuando Jesús recibe de noche la visita de Nicodemo. Si alguien está por ahí embarazada y está buscando nombres para hijos, hoy hay, bueno, Nicodemo, por ejemplo. Pero paralelo a ello, estaremos contrastando o comparando el caso de otra mujer que se describe en el Evangelio de Juan, Juan capítulo 3, Nicodemo, volteamos la página, Juan capítulo 4, la mujer samaritana. [00:05:20] (46 seconds) #AprendeConCasos
Y es que, la verdad, el problema del ser humano no es que sea ignorante en la escritura, todos lo conocemos. El problema es que muchas veces estamos muertos porque todavía servimos al pecado. Todavía tenemos ídolos que son los que rigen nuestra vida. Todavía estamos rindiéndole y preguntándole al dinero para tomar decisiones. Todavía nos importa mucho y basamos nuestra vida en el que dirán. Y nos interesa demasiado el poder y la fama nuestra y vestir el último carro y tacuche del año. cuando realmente lo que Dios pide es que nazcamos de nuevo. [00:14:04] (34 seconds) #RenacerDelPecado
¿Cómo así Nicodemo pecador? La mujer samaritana, pues ella sí la entiendo, yo no soy como ella. Pero quizás somos como Nicodemo. Que venimos a Jesús de noche. Nos da vergüenza todavía que nuestros amigos del cuchu o nuestra gente de la promo o el colegio se dé cuenta de que somos creyentes. Venimos de noche y venimos adulando al Señor. Venimos diciéndole cosas que tal vez ni siquiera sentimos o peor, ni siquiera entendemos. ¿Por qué? Porque nunca las vivimos. [00:14:45] (32 seconds) #NoVengasDeNoche
Recuerden antes de Jesucristo solamente venía el Espíritu Santo a ciertas personas para hacer ciertas cosas. Por ejemplo el libro de los jueces. El Espíritu cayó sobre Jefté y mató un montón. El Espíritu cayó sobre Sansón y ustedes saben, ¿verdad? El Espíritu de Dios cayó sobre Gedeón y milagros. Pero en el Antiguo Testamento el Espíritu no venía para todos. En el Nuevo Testamento Jesús ofrece el Espíritu para todos. Entonces el nacimiento es un nacimiento en el Espíritu y es lo que precisamente el Señor sigue diciéndole a Nicodemo en Juan capítulo 3 del 4 al 8. [00:16:12] (43 seconds) #EspirituParaTodos
¿cuándo fue la última vez hermano hermano querido hermana querida que tú viste oraste por un enfermo y sanó? es que eso dice la Biblia ¿cuándo fue la última vez que oramos por multiplicación? y sucedió ¿cuándo fue la última vez que realmente vimos o hicimos o hagamos testimonio de una vida milagrosa en Cristo? dejen los milagros el signo que yo tengo para saber que soy nacido de nuevo es que doy fruto es que doy fruto vivo en amor pero de verdad de amor no solo amo a los que me aman amo a todo el mundo trato de vivir en amor [00:23:29] (39 seconds) #VivoEnAmorYFruto
el problema era eso que no lo sabía porque Nicodemo tenía su evangelio en la cabezota pero la distancia más grande entre la faz de la tierra no es de aquí a Indonesia es de aquí aquí Nicodemo no había bajado el evangelio de acá a acá no estaba permitiendo que el Espíritu Santo llegara a su vida por eso no entendía lo de nacer de nuevo y quizá tú y yo esta mañana estamos igual no comprendemos que eso es lo de nacer de nuevo o decimos yo ya nací de nuevo sí pero no doy fruto no veo milagros en mi vida [00:28:26] (31 seconds) #VerMilagrosHoy
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