El Espíritu Santo no es un poder suelto, ni una fuerza, ni “algo”. Jesús habla de él como persona, como “él”, como el Consolador que camina, habla, escucha, corrige y recuerda lo que está bien y lo que está mal. Hechos 1:8 muestra la diferencia: el poder viene por medio del Espíritu Santo, pero el Espíritu Santo no es simplemente el poder. El mundo lo llama conciencia, pero Dios lo llama Espíritu Santo.
Juan 16 pone a Jesús en la mesa con sus discípulos, con la cruz ya enfrente y con la tristeza llenando sus corazones. Jesús les dice algo fuerte: “les conviene que yo me vaya”. Esa conveniencia empieza con su muerte y resurrección para perdón de pecados, pero también incluye el envío del Consolador. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo obran como uno. Dios Padre es Dios sobre el creyente, Dios Hijo es Dios con el creyente, y Dios Espíritu Santo es Dios en el creyente.
El Espíritu Santo conoce la mente de Dios. Por eso el propósito de una vida no se encuentra en un libro de autoayuda, ni en la televisión, ni en ninguna otra parte, sino en la presencia del Espíritu Santo. La relación con él se cultiva con oración, arrepentimiento y trato real, como con una persona en el cuarto. El Dios verdadero no queda lejos e inalcanzable; camina con el creyente en la casa, en el trabajo, en el carro, en el día bueno y en el día difícil.
El Espíritu Santo también trae convicción. La convicción no es condenación. La condenación dice: “la regué, mi papá no se puede dar cuenta”; la convicción dice: “la regué, déjame llamarle a mi papá”. La convicción saca a luz lo malo para restaurar al diseño de Dios, no para avergonzar. Por eso la iglesia no puede jugar la parte del Espíritu Santo. A la iglesia le toca hablar verdad en amor, orar y confiar que el Espíritu hará lo que solo él puede hacer.
El Espíritu Santo glorifica a Jesús. Cualquier experiencia espiritual que deja a la persona obsesionada con la sensación, los escalofríos o la manifestación, pero no con Cristo, necesita ser probada. El Espíritu siempre apunta la luz hacia Jesús, no hacia sí mismo ni hacia una persona. El creyente no debe volverse “drogadicto espiritual”, brincando de emoción en emoción, buscando el siguiente toque.
El Espíritu Santo también puede ser entristecido. Efesios 4 muestra que amargura, enojo, gritos, insultos, chisme y malicia lo entristecen porque estorban lo que él quiere hacer por medio de una vida. Él no se asusta por una mala palabra ni por un pensamiento feo; él ve que esas cosas revelan algo en el corazón que todavía no le deja obrar plenamente. Conocerlo como persona vuelve más seria cada palabra, cada reacción y cada pensamiento.
Key Takeaways
- 1. El Espíritu Santo es Dios. El Espíritu Santo no es el secretario de Dios ni un ayudante menor. Cuando él corrige, consuela o habla, Dios mismo está obrando en la vida del creyente. La fe se vuelve más profunda cuando deja de tratarlo como una energía para usar y empieza a reconocerlo como la tercera persona de la Trinidad. [10:41]
- 2. La convicción restaura, no aplasta. La convicción del Espíritu Santo no empuja al creyente a esconderse con vergüenza. La convicción abre el pecado para llevarlo a la luz, al arrepentimiento y al perdón. La condenación aleja con culpa, pero la convicción acerca con amor al Padre. [24:23]
- 3. Nadie reemplaza al Espíritu Santo. La iglesia no tiene permiso para manipular el corazón de otra persona bajo el nombre de convicción. La verdad debe hablarse en amor, pero solo el Espíritu Santo sabe cuándo y cómo tocar lo profundo. Cuando alguien intenta hacer su trabajo, la corrección se vuelve condenación y muchas vidas terminan heridas. [30:00]
- 4. El Espíritu apunta hacia Jesús. Toda obra verdadera del Espíritu Santo termina dando gloria a Cristo. Una experiencia que deja fascinación con la sensación, la manifestación o el ambiente, pero no con Jesús, ya perdió el centro. El Espíritu no forma adictos a emociones espirituales, sino discípulos con raíz, comunidad y obediencia. [36:38]
- 5. El pecado entristece su presencia. La amargura, el enojo, los gritos, el chisme y la malicia no solo dañan relaciones humanas. Esas cosas estorban lo que el Espíritu quiere hacer dentro y a través del creyente. El dolor del Espíritu no nace de sorpresa, sino de ver una vida cerrándose a su obra completa. [48:26]
Youtube Chapters
- [00:00] - Welcome
- [00:26] - Conociendo a la persona del Espíritu Santo
- [02:16] - Jesús no llama al Espíritu una fuerza
- [06:24] - Juan 16 y la promesa del Consolador
- [09:23] - Les conviene que Jesús se vaya
- [10:41] - El Espíritu Santo es Dios
- [16:49] - El Espíritu conoce la mente de Dios
- [20:47] - El Espíritu Santo trae convicción
- [24:23] - Convicción contra condenación
- [30:00] - Solo el Espíritu puede convencer
- [33:33] - El Espíritu glorifica a Jesús
- [36:38] - Cuidado con ser drogadicto espiritual
- [42:32] - El Espíritu Santo puede entristecerse
- [45:25] - Lo que entristece al Espíritu
- [55:12] - Construir relación con el Espíritu Santo