Hoy se nos invita a dejar a un lado nuestras preocupaciones y a centrarnos en la presencia de Dios, reconociendo que todo lo que somos y tenemos proviene de Él. Se nos recuerda que la verdadera iglesia no es un edificio, sino cada uno de nosotros, y que el crecimiento espiritual y personal es el fundamento para cualquier multiplicación o expansión que Dios quiera traer. Antes de buscar resultados externos, es necesario permitir que Dios trabaje en nuestro interior, fortaleciendo nuestra intimidad, madurez, entendimiento y autoridad espiritual.
El llamado de Dios a “crece y multiplícate” tiene un orden divino: primero el crecimiento, luego la multiplicación. No puede haber una multiplicación genuina y sostenible si no hay un crecimiento profundo y real en nuestro carácter y relación con Dios. El crecimiento no solo se trata de números o logros visibles, sino de dar fruto, ser discípulos y vivir un testimonio que refleje a Cristo. Solo así podremos ser instrumentos para que otros también lleguen a ser discípulos y la iglesia se multiplique de manera saludable.
Ser herederos del manto espiritual implica mucho más que estar bajo una cobertura; requiere ser hijos obedientes, confiables y dispuestos a pasar por procesos de formación y prueba. Así como Cristo aprendió a ser hijo renunciando a su propia voluntad para hacer la del Padre, nosotros también debemos aprender a someternos, a ser probados y a imitar a nuestros padres espirituales. El enemigo buscará dividirnos y separarnos del manto, pero la perseverancia, la humildad y la unidad son esenciales para permanecer y recibir la herencia que Dios tiene para nosotros.
El verdadero ADN de hijo no es carnal, sino espiritual, y solo se recibe por revelación a través de la sangre de Cristo. Es tiempo de renunciar a toda identidad falsa, a todo espíritu de orfandad o rebeldía, y de alinearnos con el corazón de la casa y la visión que Dios ha dado. Solo así podremos ver la manifestación del poder sobrenatural de Dios, la activación de los dones y la multiplicación que viene como resultado de un crecimiento genuino y una identidad de hijos verdaderos.
Key Takeaways
- 1. El crecimiento precede a la multiplicación: Antes de buscar expansión o resultados externos, es fundamental permitir que Dios trabaje en nuestro interior. El crecimiento espiritual, la madurez y la intimidad con Dios son la base sobre la cual se edifica cualquier multiplicación duradera. Sin este fundamento, la multiplicación carece de sustancia y propósito. [30:19]
- 2. Ser heredero del manto requiere ser hijo obediente y confiable: No basta con estar bajo una cobertura espiritual; es necesario pasar por procesos de formación, prueba y obediencia. Solo los hijos que han aprendido a renunciar a su propia voluntad y a someterse al proceso pueden recibir la herencia y la responsabilidad del manto. [51:11]
- 3. El enemigo buscará dividir y separar del manto: Uno de los primeros ataques espirituales es la división, el distanciamiento de la casa y de la autoridad espiritual. La perseverancia, la resistencia y la unidad son esenciales para no soltar la palabra y la promesa recibida, y para permanecer firmes en medio de la prueba. [69:13]
- 4. El verdadero crecimiento se mide en obediencia, humildad y amor: No se trata de cuántos dones, conocimiento o unción tengamos, sino de cuánto hemos crecido en obediencia, humildad, reconocimiento de autoridad y amor genuino. Este es el crecimiento que Dios busca y que nos hace confiables para recibir más de Su reino. [74:20]
- 5. El ADN de hijo se recibe por revelación en Cristo: Solo a través de la sangre de Cristo recibimos el verdadero ADN de hijo, que nos capacita para alinearnos con el corazón de la casa y rechazar toda identidad falsa o espíritu de orfandad. Esta identidad nos lleva a honrar, proteger y edificar la casa, y a ser canales del mover sobrenatural de Dios. [92:44]
Youtube Chapters
- [00:00] - Welcome
- [13:46] - Preparando el corazón para la presencia de Dios
- [20:21] - Despojándonos de lo que estorba nuestra relación
- [24:03] - El valor de la obediencia y el testimonio
- [28:45] - Crece y multiplícate: el orden divino
- [30:19] - El crecimiento personal y espiritual
- [37:28] - Dar fruto y ser discípulo antes de multiplicar
- [42:56] - El proceso de crecimiento y la madurez espiritual
- [45:58] - Herederos del manto: ser y hacer
- [47:17] - Diferencia entre cobertura y manto
- [51:11] - El proceso de ser hijo y heredero
- [60:22] - Renunciar a la voluntad propia para hacer la del Padre
- [69:13] - Ser probados para ser confiables
- [74:20] - El corazón probado y el peligro del espíritu de Absalón
- [80:29] - No usurpar, sino honrar el manto
- [82:59] - Imitar a los padres espirituales y activar el manto
- [88:20] - El ADN de hijo verdadero en la sangre de Cristo
- [92:44] - Renunciando a la identidad falsa y religiosidad
- [97:28] - Deja de juzgar, aprende a ser hijo
- [100:58] - El ADN correcto y la defensa de la casa
- [103:20] - Renunciando al manto incorrecto y participando del cuerpo
- [107:23] - Permanecer en Cristo y unidad en la casa
- [110:04] - Crece y Dios se encarga de la multiplicación