La actitud no nace solamente de lo que una persona sabe hacer, sino de cómo reacciona cuando la vida la aprieta. La familia, las heridas, el ambiente y los recuerdos van formando maneras de hablar, de mirar y de tratar a otros. La amargura aparece cuando una ofensa no ha sido sanada y empieza a punzar por dentro, hasta que la persona reacciona como una bestia delante de Dios, sin entender lo que lleva en el corazón.
El Salmo 73 muestra que un corazón amargado puede volver torpe a quien no reconoce su propia condición. La amargura no se queda escondida, porque sale por las palabras, el enojo, la ira, la gritería, la maledicencia y toda malicia. Efesios manda quitarse esas cosas, no justificarlas ni acomodarlas como si fueran normales en un hijo de Dios. El amor debe ser la actitud que identifique a los discípulos de Cristo.
La raíz de amargura funciona como un árbol que nadie ve por debajo de la tierra. La ofensa no perdonada se convierte en ira, la ira en resentimiento, y el resentimiento termina contaminando a otros. El chisme, los comentarios y la costumbre de leer la mente de las personas hacen que una herida personal se extienda como teléfono roto. La iglesia no puede convertirse en un lugar donde hermanos se evitan, se saludan con frialdad o llevan cuentas unos contra otros.
El rencor pretende castigar al que hizo daño, pero termina encarcelando al que lo guarda. El recuerdo de una herida puede quedarse años en la mente, pero el perdón rompe la atadura que mantiene al corazón preso. El resentimiento vuelve a sentir el dolor original cada vez que aparece la persona, el nombre o la circunstancia. La amargura puede dañar la salud, la mente, la personalidad y la comunión con Dios.
El rencor se sostiene cuando parece justificado, cuando alguien se siente superior al ofensor o cuando guarda una lista para devolver mal por mal. Dios no llama a sus hijos a ser jueces ni vengadores. Romanos recuerda que la venganza pertenece al Señor, y Colosenses llama a vestirse de misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre y paciencia.
El perdón no significa fingir que nada pasó ni borrar los recuerdos. El perdón concede un pasado limpio en lo que corresponde a quien ha sido herido. Cristo muestra que perdonar es costoso, porque Él pagó el precio del pecado en la cruz. Dios no empieza solamente podando la gritería, el chisme o la frialdad, sino arrancando y sanando la raíz.
Key Takeaways
- 1. La amargura siempre produce fruto La amargura rara vez se queda privada en el corazón. La ira, las palabras ásperas y la frialdad suelen ser frutos de una herida que no ha sido llevada a Dios. Dios no pide que sus hijos disfracen esos frutos, sino que permitan que Él trate la raíz. [13:30]
- 2. El rencor encarcela al ofendido El rencor parece una forma de exigir justicia, pero termina atando a quien lo conserva. La persona que hizo daño puede seguir adelante, mientras el corazón herido revive una y otra vez la misma prisión. El perdón no llama bueno al mal, pero libera a la persona de vivir gobernada por ese mal. [19:49]
- 3. La amargura contamina a muchos La raíz de amargura se extiende por medio de comentarios, suposiciones y conversaciones que buscan aliados. Hebreos advierte que muchos pueden ser contaminados cuando una herida no es tratada. El amor cristiano no alimenta el fuego de la ofensa, sino que ayuda a otro a salir de ella. [35:32]
- 4. Dios es el justo juez La venganza ocupa un lugar que Dios no entregó a ningún ser humano. El corazón deja de exigir pago cuando reconoce que Dios ve, juzga y hará justicia perfectamente. La confesión y el apartarse del pecado abren el camino de la misericordia. [38:46]
- 5. El perdón sana la raíz El perdón no borra la memoria, pero cambia la relación del corazón con el recuerdo. Cristo hace posible un cambio real de dirección, no una vuelta completa para regresar a la misma actitud. El Espíritu Santo puede desatar las cadenas que conectan el corazón con una ofensa pasada. [40:31]
Youtube Chapters
- [00:00] - Welcome
- [02:17] - Actitud y aptitud
- [04:06] - Las actitudes revelan el corazón
- [05:42] - El corazón lleno de amargura
- [08:43] - El amor distingue al cristiano
- [10:52] - Quitarse amargura, ira y malicia
- [13:30] - La raíz de amargura
- [16:32] - Qué es el rencor
- [17:43] - El rencor destruye al que lo guarda
- [25:25] - Por qué se guarda resentimiento
- [30:52] - Mara y el peso de la amargura
- [34:24] - Una raíz que contamina a muchos
- [36:57] - El verdadero perdón
- [38:46] - Del rencor al perdón
- [41:51] - Oración por sanidad interior