Agradezco a Dios por la oportunidad de compartir este mensaje con ustedes, centrado en el capítulo 4 de la primera carta a los Corintios. En este pasaje, el apóstol Pablo nos recuerda que somos siervos de Cristo y administradores de los misterios de Dios. La palabra "siervos" en el contexto griego antiguo se refiere a aquellos que remaban en los barcos bajo la autoridad de un líder. Pablo se ve a sí mismo como un remador, trabajando bajo la autoridad de Dios. Este mensaje es para todos, no solo para los líderes, ya que todos estamos llamados a servir en el cuerpo de Cristo.
El carácter de un verdadero siervo de Cristo se manifiesta a través de la humildad, la fidelidad y la confianza en Dios. La humildad se ejemplifica en la vida de Jesús, quien, a pesar de ser el Hijo de Dios, lavó los pies de sus discípulos, mostrando que la verdadera grandeza se encuentra en servir a los demás. La fidelidad se demuestra a través de la obediencia a Dios, como lo hizo Jesús en el huerto de Getsemaní, cuando, a pesar de su temor, se sometió a la voluntad del Padre. Finalmente, la confianza en Dios implica dejar que Él sea quien juzgue y obre en cada situación, como lo hizo Jesús al enfrentar la injusticia sin replicar.
El carácter es algo que debemos trabajar continuamente, como quien aprende a tocar un instrumento. No cambia de la noche a la mañana, sino que requiere práctica y la ayuda del Espíritu Santo. Al cultivar un carácter semejante al de Cristo, reflejamos su amor y su justicia en nuestras vidas diarias. Este proceso no solo nos mejora como individuos, sino que también nos capacita para servir mejor a Dios y a los demás.
Key Takeaways
- 1. La humildad es esencial en el carácter de un siervo de Cristo. Jesús nos mostró que la verdadera grandeza se encuentra en servir a los demás, sin importar nuestra posición. Al igual que Jesús lavó los pies de sus discípulos, debemos estar dispuestos a humillarnos y servir a los demás con amor y dedicación. [17:39]
- 2. La fidelidad a Dios se demuestra a través de la obediencia. Jesús, en el huerto de Getsemaní, nos enseñó que, aunque enfrentemos miedo y sufrimiento, debemos someternos a la voluntad de Dios, confiando en que Él tiene un propósito mayor. [27:43]
- 3. La confianza en la justicia de Dios nos libera de buscar venganza o justicia por nuestra cuenta. Jesús, al ser acusado injustamente, no replicó con insultos, sino que confió en aquel que juzga con justicia. Debemos aprender a dejar que Dios obre en cada situación. [38:48]
- 4. El carácter cristiano se cultiva con el tiempo y esfuerzo, como aprender a tocar un instrumento. No cambia de la noche a la mañana, sino que requiere práctica constante y la ayuda del Espíritu Santo para reflejar a Cristo en nuestras vidas. [44:25]
- 5. Nuestro carácter y servicio reflejan a Cristo mismo. La manera en que hablamos, pensamos y actuamos debe hablar de Cristo, mostrando humildad, fidelidad y confianza en Dios en todo momento. [24:12]
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