Lucas capítulo 4 pone delante de la iglesia a Jesús lleno del Espíritu Santo, saliendo del Jordán y siendo llevado al desierto. El texto no dice que Jesús se fue por su propia cuenta. El Espíritu lo llevó. Y ahí está una de esas cosas que muchas veces pasan desapercibidas: el mismo Espíritu que descendió sobre Jesús en el bautismo también lo condujo al lugar seco, inhóspito, solitario, donde el hambre aprieta y el diablo espera.
El desierto aparece como un lugar real, con rocas, arena caliente, sol ardiente, espinas, serpientes, cactus y falta de agua. Pero el desierto también aparece como el lugar del alma: promesas resecas, palabras afiladas, compromisos no cumplidos, desprecios, miradas que hieren, pensamientos perdidos. El desierto no siempre está en Sonora, ni en Egipto, ni en algún mapa. El dolor, el divorcio, las deudas, la depresión, la soledad, la separación de los hijos y de los padres pueden llevar a una persona ahí sin comprar boleto.
Jesús conoce ese camino más que cualquier hombre o mujer. Jesús no solamente oyó hablar del desierto; lo pasó en carne propia, cuarenta días y cuarenta noches sin comer. El número cuarenta en la Biblia aparece ligado a prueba, batalla prolongada y separación: Noé, Moisés, Israel, Jesús tentado, Jesús resucitado enseñando a sus discípulos. El desierto, entonces, no es cosa rara en la vida espiritual. Es una temporada dura donde el reloj parece detenerse, donde la separación duele, donde la vida se vuelve lágrima tras lágrima.
Satanás no llevó a Jesús al desierto. Satanás ya estaba ahí. El Espíritu llevó a Jesús al lugar donde el enemigo esperaba, y el diablo buscó exactamente la debilidad: el hambre. “Si eres Hijo de Dios”, dijo, tentando a Jesús a convertir piedras en pan, a lanzarse del pináculo, a postrarse ante él. Satanás sigue sembrando dudas y cizaña, queriendo apartar del Dios vivo.
Jesús no mordió el anzuelo. Jesús no pidió relámpagos ni señales del cielo. Jesús usó la Escritura: “Escrito está”. La Biblia fue su espada en el desierto. Si las Escrituras fueron suficientes para Cristo en el desierto, también deben ser suficientes para el creyente. La Biblia no es amuleto, no es adorno, no es cruz colgada para espantar males. La Palabra es para escudriñarla, atesorarla y usarla cuando el enemigo quiere hundir más al alma. El desierto pasará. El de Jesús pasó. El diablo lo dejó, vinieron ángeles y le servían.
Key Takeaways
Youtube Chapters
- [00:00] - Welcome
- [39:23] - Una palabra más profunda
- [40:04] - Lucas 4 y la tentación de Jesús
- [42:17] - Jesús lleno del Espíritu
- [43:05] - Llevado por el Espíritu al desierto
- [44:31] - El desierto del alma
- [47:15] - Temporadas oscuras de prueba
- [51:01] - El significado bíblico del cuarenta
- [52:33] - Separación, migración y dolor
- [58:28] - Cristo conoce el desierto
- [60:31] - Satanás ya estaba esperando
- [64:06] - La tentación toca el hambre
- [66:04] - Escrito está: la espada de Jesús
- [74:18] - La Biblia no es amuleto
- [76:08] - El desierto pasará