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Sermon Summary

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Sermon Quotes

No nos vestimos para ganarnos una nueva identidad. Nos vestimos para reflejar la nueva identidad que Cristo ya nos dio. Identidad primero; acciones después. Debemos reflejar como una realidad el hecho de que hemos resucitado con Cristo.

No podemos seguir “noviando con el mundo” cuando hemos sido unidos a Cristo. No tiene sentido. No es digno. No refleja quiénes somos realmente.

Si para cosas del mundo hay vestimenta apropiada e inapropiada, no es de sorprendernos que para las cosas de Dios también las haya. Hay una ropa que debemos usar como creyentes, y no me refiero a vestimenta física, sino a la nueva ropa que Cristo nos da.

El amor de Dios debe ser nuestra marca distintiva y lo primero que ve la gente en nosotros. Si la gente ve altivez, ira, envidia o engaño, es tiempo de cambiar nuestra ropa y ponernos el uniforme adecuado para la ocasión.

Podemos fingir por un tiempo, pero la transformación verdadera solo ocurre cuando nos rendimos a Dios y permitimos que Su Santo Espíritu vista nuestra vida desde adentro hacia afuera.

Dios nos ha llamado escogidos, santos y amados. Eso no es poca cosa. Es nuestra nueva identidad, pero esa identidad necesita expresarse con la ropa correcta: compasión, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, apoyo, y perdón. Y sobre todas estas, el abrigo del amor.

El mejor lugar para vestir nuestra ropa nueva es entre la familia de la fe. Es ahí donde se probará la calidad de la “tela” que estamos vistiendo. Si no podemos demostrarlo aquí, ¿cómo lo haremos afuera?

Solo por medio de un amor auténtico podemos quitar las ropas de la vieja naturaleza y ponernos las nuevas ropas de la compasión, la bondad, la humildad, la gentileza, la resiliencia, el apoyo y el perdón.

Un uniforme no me hace cristiano, pero la manera en que vivo confirma quién soy. Nuestra nueva vida en Cristo debe notarse en la forma en que actuamos y tratamos a los demás.

Hoy puede ser el día en que tu forma de ser comienza a alinearse con tu nueva identidad. Hoy puede ser el día en que Dios empieza a vestir tu vida con lo mejor que Él tiene para usarte como su digno representante.

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