La vida cristiana no es un proceso pasivo; requiere que tomemos decisiones conscientes y valientes para dejar atrás lo que no agrada a Dios. Pablo nos llama a “hacer morir” lo terrenal en nosotros, recordándonos que la transformación no ocurre por accidente ni por simple deseo. Jesús nos da la fuerza y los recursos, pero somos nosotros quienes debemos dar el paso de soltar hábitos, pensamientos y actitudes que nos alejan de Él. La pasividad solo perpetúa el ciclo del pecado y la insatisfacción espiritual.
Cada día es una nueva oportunidad para elegir la obediencia activa. No se trata de perfección, sino de disposición: estar listos para rendirle a Dios aquellas áreas que sabemos que necesitan cambio. Cuando damos ese paso intencional, abrimos la puerta para que el Espíritu Santo nos renueve y nos acerque más a la vida plena que Jesús nos ofrece.
Colosenses 3:5 (ESV): “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría.”
Reflexión: ¿Qué hábito o actitud sabes que debes entregar hoy a Dios? ¿Estás dispuesto a tomar una decisión intencional para soltarlo y permitir que Él te transforme?
A veces es fácil identificar y rechazar los pecados que la sociedad considera graves, pero podemos caer en la trampa de tolerar actitudes o hábitos que parecen inofensivos o justificables. Sin embargo, Dios nos llama a examinar nuestro corazón con honestidad y a no conformarnos con una santidad superficial. La ira, la mentira, el lenguaje ofensivo y la malicia son tan incompatibles con la nueva vida en Cristo como los pecados más notorios.
Dios desea una transformación completa, no parcial. Él quiere que seamos sinceros con nosotros mismos y con Él, permitiendo que Su luz revele incluso aquellas áreas que preferimos ignorar. Al rendirle también los “pecados aceptables”, experimentamos una libertad y una renovación más profundas.
Efesios 4:29-31 (ESV): “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios... Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.”
Reflexión: ¿Hay alguna actitud o hábito “aceptable” que has estado justificando? ¿Cómo puedes invitar a Dios hoy a transformar esa área específica de tu vida?
Dejar atrás lo viejo es solo la mitad del camino; Dios nos llama a vestirnos de la nueva naturaleza que Cristo nos ofrece. Así como no basta con arrancar las malas hierbas sin plantar algo bueno, no es suficiente dejar de hacer lo malo: debemos cultivar activamente el carácter de Cristo en nosotros. Esto implica buscar a Dios cada día, crecer en el conocimiento de Su voluntad y permitir que Su Espíritu transforme nuestras acciones y pensamientos.
La vida cristiana es dinámica y progresiva. Cada día es una oportunidad para renovarnos, para dejar que la gracia de Dios moldee nuestro carácter y para reflejar a Jesús en nuestras relaciones y decisiones. No se trata de un cambio instantáneo, sino de un proceso continuo de rendición y crecimiento.
Colosenses 3:10 (ESV): “Y os habéis vestido del nuevo, el cual se va renovando hasta el conocimiento pleno, conforme a la imagen de aquel que lo creó.”
Reflexión: ¿Qué paso concreto puedes dar hoy para cultivar la nueva naturaleza de Cristo en tu vida? ¿Cómo puedes crecer en el conocimiento de Dios esta semana?
En Cristo, no hay distinción de raza, cultura, historia o estatus social. Nadie está demasiado lejos, demasiado dañado o demasiado tarde para experimentar la transformación que Jesús ofrece. La gracia de Dios es universal y suficiente para todo aquel que se rinde a Él, sin importar su pasado o sus luchas presentes.
Esta verdad nos libera de la vergüenza y el temor de no ser “suficientes” para Dios. Nos invita a acercarnos confiadamente, sabiendo que la obra de Jesús es más grande que cualquier error o herida. También nos desafía a ver a los demás con los ojos de Cristo, reconociendo que todos somos igualmente necesitados de Su gracia.
Gálatas 3:27-28 (ESV): “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.”
Reflexión: ¿Hay alguna parte de tu historia o identidad que crees que te separa del amor de Dios? ¿Cómo puedes hoy abrazar la suficiencia de Jesús para ti y para los demás?
Aferrarse al pasado, al pecado o incluso a lo “aceptable” es como negarse a saltar del avión con el paracaídas puesto: Jesús ya ha provisto todo lo necesario para un nuevo comienzo, pero debemos estar dispuestos a dejar atrás lo que nos ata. La verdadera renovación requiere rendirle a Dios no solo nuestras fallas, sino también nuestras zonas de comodidad y control.
Dios no nos llama a reformar nuestra vida por nuestras propias fuerzas, sino a rendirla completamente para que Él la transforme. Cuando soltamos lo viejo y abrazamos lo nuevo, experimentamos la libertad, la paz y la plenitud que solo Jesús puede dar. Hoy es el día para dar ese salto de fe y confiar en que Su gracia es suficiente.
Isaías 43:18-19 (ESV): “No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.”
Reflexión: ¿Qué es lo que más te cuesta soltar de tu pasado? ¿Qué paso concreto puedes dar hoy para abrazar la vida nueva que Jesús te ofrece?
Resumen del Sermón
En este mensaje, exploramos la verdad central de que Jesús es suficiente para darnos un nuevo comienzo, sin importar nuestro pasado o las decisiones equivocadas que hayamos tomado. A través de Colosenses 3:5-11, vimos que la vida cristiana implica dejar atrás tanto los pecados “escandalosos” como los “aceptables”, y vestirnos de la nueva naturaleza que Cristo nos ofrece. No se trata solo de evitar lo malo, sino de permitir que Jesús transforme nuestro interior, renovándonos día a día a través de una relación creciente con Él. Pablo nos recuerda que nadie está fuera del alcance de la gracia de Dios, y que la transformación verdadera es posible para todos, sin importar su trasfondo o circunstancias. La invitación es clara: soltemos la vida vieja y abracemos la nueva vida que solo Jesús puede dar.
Puntos Clave
- La transformación comienza con una decisión intencional. Pablo no dice “dejen morir” lo terrenal, sino “hagan morir”, subrayando que el cambio espiritual requiere una acción deliberada de nuestra parte. Jesús nos da los recursos y la fuerza, pero somos nosotros quienes debemos decidir soltar lo que no le agrada a Dios. La pasividad espiritual solo perpetúa el ciclo del pecado; la obediencia activa abre la puerta a la renovación.
- No hay pecados “aceptables” ante Dios. Es fácil reconocer y rechazar los pecados escandalosos, pero muchas veces toleramos actitudes y hábitos que consideramos menores o justificables. La ira, la mentira, el lenguaje ofensivo y la malicia son igualmente incompatibles con la nueva vida en Cristo. Dios nos llama a examinar honestamente nuestro corazón y a no conformarnos con una santidad superficial.
- Despojarse de la vieja naturaleza es solo la mitad del proceso. Así como no basta con arrancar las malas hierbas sin plantar algo bueno, no es suficiente dejar de hacer lo malo; debemos vestirnos de la nueva naturaleza que Cristo nos da. Esto implica un crecimiento constante en el conocimiento de Dios y una transformación visible en nuestro carácter y acciones. La vida cristiana es dinámica: cada día es una oportunidad para renovarnos en Él.
- La suficiencia de Jesús trasciende cualquier trasfondo o limitación. Pablo enfatiza que en Cristo no hay distinción de raza, cultura, historia o estatus social. Nadie está demasiado lejos, demasiado dañado o demasiado tarde para ser transformado. La obra de Jesús es universal y suficiente para todo aquel que se rinde a Él, sin importar su pasado o sus luchas presentes.
- La verdadera renovación requiere soltar lo viejo para abrazar lo nuevo. Aferrarse al pasado, al pecado o a lo “aceptable” es como negarse a saltar del avión con el paracaídas puesto. Jesús ya ha provisto todo lo necesario para un nuevo comienzo, pero debemos estar dispuestos a dejar atrás lo que nos ata. La invitación de Dios es clara: no reformes tu vida por tus fuerzas, ríndela para que Él la transforme completamente.
En este mundo, muchos buscan un nuevo comienzo con trabajos, relaciones o ciudades diferentes, pero sin un cambio interno, real y permanente, nada funcionará a largo plazo. La buena noticia es que Jesús es suficiente para empezar de nuevo.
No importa quién hayas sido, ni cuánto tiempo hayas vivido lejos de Dios, o las decisiones equivocadas que hayas tomado, Jesús sigue teniendo poder para que puedas comenzar de nuevo.
Jesús es suficiente para darte la fuerza y las armas para hacer morir lo terrenal en ti, pero solo tú puedes tomar la decisión firme de hacerlo. El cambio comienza con una decisión intencional.
No solo debemos renunciar a los pecados escandalosos, sino también a los “aceptables”, pues son parte de nuestra pasada manera de vivir. No hay excusa para seguir practicando lo que no agrada a Dios.
Necesitamos despojarnos de la vieja naturaleza como quien se quita ropa sucia para vestirse con algo nuevo y mejor. El cambio debe ser visible, no solo interno.
La única manera posible de abandonar la vida antigua es reemplazándola con algo nuevo y mejor a través del crecimiento espiritual y en nuestra relación con Cristo.
Ninguno de nosotros podemos decir que ya es muy tarde para cambiar o que no es posible que cambiemos. No hay nada que Jesús no pueda transformar, ni excusa para no ser transformados por Él.
La vida cristiana no es cargar con las mismas ropas viejas, solo que un poco más limpias. Es despojarse de la vieja naturaleza —con sus pecados escandalosos y “aceptables”— y vestirse de la nueva naturaleza que Jesús nos da.
No hay razón para seguir aferrado a lo que Jesús ya te dio el poder de soltar. Si tienes a Jesús, no te falta nada. Si te falta Jesús, no tienes nada.
Para vivir y disfrutar la nueva vida necesitamos estar dispuestos a soltar la vida vieja. Tienes todo para que tu situación cambie, pero tienes que estar dispuesto a dar el salto.
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