Jesús detuvo a sus discípulos en Cesarea de Filipo. Miró a Pedro y a los demás, polvorientos del camino, y preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Algunos murmuraban: «Un profeta». Pero Él clavó sus ojos en ellos: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy?». Pedro, con voz temblorosa, declaró: «Tú eres el Cristo». Jesús sonrió: «No lo sabes por ti mismo, sino porque el Padre te lo reveló». [05:54]
Jesús no busca respuestas teóricas. Quiere una confesión nacida de la intimidad. Pedro no repitió rumores: habló desde la revelación que surge al caminar junto a Él. La pregunta atraviesa siglos y hoy resuena en tu silencio.
¿Vives de segunda mano o conoces Su voz? Jesús no es un concepto religioso: es el Cristo que transforma pescadores en pilares. Hoy Él te mira y repite: «¿Quién soy PARA VOS?». ¿Qué herida, qué milagro, qué encuentro personal definiría tu respuesta?
«Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente».
(Mateo 16:15-16, RVR1960)
Prayer: Pide al Padre que revele a Jesús con frescura en tu rutina. Confiesa una verdad sobre Él que haya marcado tu historia.
Challenge: Escribe en un papel: «Jesús es para mí…» y completa la frase con tres acciones concretas que Él ha hecho en tu vida.
Los pies de Pedro estaban cubiertos de tierra del camino cuando confesó: «Tú eres el Cristo». Jesús señaló el polvo: «No lo aprendiste en escuelas, sino aquí, caminando conmigo». Cada milagro que repartieron —panes, peces, sanidades— fue un ladrillo en su fe. La revelación creció en sus sandalias gastadas. [15:06]
Dios no entrega certificados teóricos. La fe se forja sirviendo, tropezando y viendo provisiones. Los discípulos no recibieron un seminario: cargaron canastas, enfrentaron tormentas y repartieron esperanza. Así el Padre les mostró a Su Hijo.
¿Tu fe está en libros o en huellas? Jesús sigue revelándose EN el servicio, no antes. Hoy Él te da una canasta: ¿qué necesitan repartir tus manos? ¿Alimento, tiempo, perdón? La pregunta no es «¿sabes?», sino «¿has visto?». ¿Cuándo fue la última vez que servir a otros te hizo entender algo nuevo de Cristo?
«Nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo».
(1 Corintios 12:3b, RVR1960)
Prayer: Agradece a Dios por tres personas que te mostraron a Jesús mediante acciones, no solo palabras.
Challenge: Llama a alguien que te sirvió en el pasado y dile: «Vi a Jesús cuando tú…». Especifica el momento.
La cruz romana —instrumento de tortura— se convirtió en símbolo de vida. Jesús tomó lo malo y lo invirtió: muerte en resurrección, vergüenza en gloria. Hoy usa tus luchas como tierra fértil. Como el trigo que cae para multiplicarse, Él escribe historias de redención en tu dolor. [38:44]
Dios no evita el sufrimiento: lo transfigura. Jesús no explicó el «por qué» del Getsemaní, pero mostró el «para qué»: salvar a la humanidad. Tu hoy difícil es Su materia prima para un milagro futuro.
¿Resistes el proceso? La semilla no discute con el agricultor. Confía en Quien ve brotes donde tú ves tierra seca. ¿Qué situación actual, que parece muerte, podría Él estar preparando para florecer?
«De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna».
(Juan 3:16, RVR1960)
Prayer: Entrega a Jesús una situación dolorosa, diciendo: «Haz de esto lo que Tú sabes que es bueno».
Challenge: Dibuja una cruz en una hoja y escribe alrededor tres promesas bíblicas que contradigan tu actual temor.
Jesús sorprendió a todos: «Lo que hicisteis a uno de estos mis pequeños, a mí me lo hicisteis». Cada plato de comida en la olla comunitaria, cada abrazo a un desesperado, fue registrado como amor directo a Él. Los discípulos entendieron: servir al prójimo ES adorar. [33:03]
Dios no necesita tus obras, pero las usa para revelarse. Cuando oras por un enfermo o abrazas a un niño, Jesús se hace tangible. Tu manos son Sus manos hoy.
¿Ves lo eterno en lo cotidiano? Lavar platos o escuchar a un vecino pueden ser sacramentos. ¿Qué acto sencillo de servicio harás hoy consciente de que es para Cristo?
«Y el Rey les responderá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis».
(Mateo 25:40, RVR1960)
Prayer: Pide a Jesús que te muestre Su rostro en alguien específico que necesite ayuda hoy.
Challenge: Prepara un café o merienda y llévalo a una persona solitaria, diciendo: «Jesús te manda esto con amor».
Pedro no imaginó que su confesión —«Tú eres el Cristo»— cambiaría su identidad. Jesús le dijo: «Tú eres Pedro (roca)», transformando su carácter inestable en fundamento. La revelación correcta de Cristo redefine quién ERES. No eliges tu llamado: lo descubres al conocerle. [12:50]
Dios no mejora tu vieja identidad: te da una nueva. Saulo perseguidor se volvió Pablo apóstol. Tú nombre secreto en Cristo espera ser revelado al caminar con Él.
¿Qué etiqueta arrastras que Jesús quiere borrar? Él no ve al pecador que tropieza, sino al testigo que llegarás a ser. ¿Qué nuevo «nombre» (propósito) sientes que Dios susurra sobre tu vida actual?
«Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios».
(Juan 1:12, RVR1960)
Prayer: Di en voz alta: «Jesús, muéstrame cómo Tú me ves hoy». Escucha en silencio y escribe lo que percibas.
Challenge: Escribe tu nombre en una hoja y dibuja alrededor tres características que Cristo quiere fortalecer en ti esta semana.
Mateo 16 lleva la conversación de Jesús desde la vereda de enfrente hasta el corazón. La gente opina bien de él, lo compara con profetas. Pero la pregunta corta en seco: “¿y ustedes? ¿quién dicen que soy yo?” El texto muestra a Jesús moviendo la mirada del ruido de afuera a la definición de adentro. Pedro responde con una confesión que no sale de manual, sino del cielo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Jesús afirma que tal certeza no nace de carne ni de maestro, sino del Padre por el Espíritu. La identidad del Hijo no se saca por encuesta, se recibe por revelación.
El título “Hijo del Hombre” no es modesto ni confuso. Daniel ya lo había visto acercarse al Anciano de Días, recibiendo reino y gloria. Jesús toma ese nombre, y un año antes de la cruz empieza a hablar claro: sufrimiento, muerte, y al tercer día, resurrección. La charla es bisagra. Desde ahí no solo hace milagros; prepara a los suyos para el escándalo de la cruz y la certeza de la Pascua.
La diferencia entre la multitud y los discípulos no es solo información, es cercanía. Los que caminan con Jesús ven multiplicarse el pan en sus manos, cargan la canasta que no se vacía, y aprenden que cuanto más cerca se anda, más nítido se vuelve Cristo. Él es infinito; por eso, para que crezca en la visión, el corazón se achica en humildad. Y sin atajos: la Palabra lo revela suficiente, sin agregar moroníes ni atalayas.
La pregunta “¿quién es Jesús para vos?” define la vida. Para el sano, es el que sanó; para la libre, el que libertó. Para el que se sabe escogido antes de la fundación del mundo, es origen y propósito. Él dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” y “vine para que tengan vida en abundancia.” La cruz, herramienta de tortura, él la vuelve árbol que florece. Por eso “todo ayuda a bien” no porque duela menos, sino porque él no se va. En Getsemaní la copa se abraza por amor, y ese amor sostiene en las noches que no se entienden.
El llamado queda sonando: según la respuesta, será la manera de vivir. Si Jesús es suficiente, la vida se ordena en servicio concreto. Servir a Dios es servir a la gente: un abrazo, un café, una oración, y el amor de Cristo se hace sentir. Sin atajos, sin ego, con entrega. Él es amigo, camino, verdad, vida.
La gente puede decir cualquier cosa. Las diferentes religiones también, el el hombre más controversial de la historia. Pero a a Jesús no le interesa lo que piensa la gente, a Jesús le interesa lo que pensás vos. Y hoy te pregunta directamente, ¿Quién soy para vos? ¿Soy realmente suficiente? Tu vida está completa conmigo. Según la respuesta será la manera en la que vivamos. Según lo que digamos. Si alguien te pregunta, ¿quién es Jesús? ¿Qué le dirías? ¿Cómo le responderías? Porque le podemos decir la de manual. Podemos decir los textos bíblicos,
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Y lo primero que aprendí es que cuando caminamos cerca de Jesús, nuestros padres nos va a revelar más y más y más y más, porque él es infinito, Él es indescriptible. Él es tremendamente amoroso, grande, eterno, precioso, bondadoso, y siempre me voy a quedar corto. La única manera para ensalzarlo más y que hacerlo acrecentar más es que yo me humille. Y que yo me arrodille. Y que yo me achique. Porque nunca voy a poder alcanzar. Y Pedro dice, tú eres el hijo de Dios viviente. ¿Y sabés por qué? Se lo reveló el padre, porque caminaba con Jesús.
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Ya no eran los que recibían tan solo los 2. Entonces a Jesús le interesaba no solo lo que diga la gente. Porque la verdad que hasta hoy en día la gente puede decir cualquier cosa de Jesús. Puede creer que es un buen tipo, un buen hombre, un profeta, un incomprendido, escuché alguna vez. Lo incomprendieron tanto que lo mataron, no pudieron entender sus enseñanzas. Otros decían que era un comunista, un populista, ¿sí? Porque le daba cosas a los pobres. Cualquier batata, se puede decir. Tranquilo, no hay problema. Pero ¿sabes qué? Quizás hoy la pregunta sea para vos, y ustedes, y vos, ¿Quién soy para vos?
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Me encanta mostrar esa cruz. Él hace eso. Ese es un, ese era una herramienta de tortura, de muerte, una cruz. Él lo transforma en vida. Él florece, florece las vidas. Él dijo, llueve. Esto dijo Jesús. Primero te pregunta, ¿quién soy para vos? Y ahora te dice, yo vine para que tengas vida y la tengas en abundancia. Y todo lo malo que pasaste, yo lo voy a revertir, dice. Y así como transformé una cruz en un signo de vida, de bendición, de libertad, de renuevo, de restauración, con tu vida voy a hacer cosas nuevas, yo lo creo.
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