Nosotros vivimos con urgencia y esperanza. El derramamiento del Espíritu en Pentecostés marcó el inicio de una cuenta regresiva hacia los últimos días y nos llamó a actuar: el Espíritu nos habita y nos capacita para testificar de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Reconocemos que la proclamación bíblica, llena de poder y exégesis fiel, confronta el pecado, sana traumas y convierte a seguidores en misioneros. Aceptamos que la resurrección no es una idea abstracta sino la raíz de nuestra esperanza: Cristo no quedó en la tumba y por eso el Espíritu vive en nosotros, confirmando la verdad de su victoria sobre la muerte.
Entendemos la tensión entre la responsabilidad humana y la soberanía divina. Incluso los crímenes y las decisiones malvadas se inscriben en el gobierno providente de Dios para cumplir su propósito redentor; de ahí nace la posibilidad de que el dolor se convierta en testimonio y la traición en plataforma para el renuevo de la fe. Por eso perseveramos en la voluntad de Dios aunque la historia muestre injusticia y persecución: nuestras oraciones, palabras y servicios, ungidos por el Espíritu, sostienen a la Iglesia como organismo poderoso en la tierra.
Nos comprometemos a recuperar la predicación que confronta con amor y clama por arrepentimiento. La predicación bíblica debe destruir la mala teología, exaltar a Cristo y producir convicción de pecado que conduce a cambio real. Rechazamos el entretenimiento vacío y la teología acomodada; buscamos mensajes que transformen la vida, acerquen a los perdidos y formen discípulos multiplicadores.
Finalmente, vivimos con la mirada puesta en la promesa futura. La resurrección de Cristo nos asegura que ninguna tumba ni ninguna circunstancia última podrá retener la vida que Él ofrece. Por esa esperanza, afrontamos pruebas con una mente puesta en lo de arriba y con la certeza de que la proclamación fiel del Evangelio puede desencadenar avivamiento en ciudades y naciones enteras.
Key Takeaways
- 1. El Espíritu nos hace poderosos Nosotros afirmamos que el Espíritu habita y capacita a la iglesia para obrar con autoridad. Esa presencia interna transforma nuestro hablar, orar y servir; nos permite luchar por otros desde donde estamos y sostener la misión global. Vivir según el Espíritu significa ejercitar la valentía y la fe que llevan fruto en la historia. [08:13]
- 2. Vivimos los últimos días Nosotros reconocemos que la era de la iglesia está en su fase final y por eso la urgencia evangelística aumenta. Esta conciencia no paraliza sino que impulsa a orar, proclamar y multiplicar discípulos con mayor intensidad y fidelidad bíblica. Actuar ahora significa priorizar la misión sobre el confort. [13:11]
- 3. Soberanía que redime el mal Nosotros creemos que Dios utiliza incluso la maldad humana para avanzar su plan redentor; el dolor puede convertirse en testimonio. Esto no minimiza la injusticia sino que ofrece esperanza: las heridas pueden forjar discernimiento, carácter y oportunidades para la gracia. Permanecer en la voluntad de Dios revela que los enemigos pueden enriquecer la recompensa celestial. [24:13]
- 4. Predicación que convierte y confronta Nosotros buscamos una predicación fiel que desmonte mala teología, exponga el pecado y conduzca a la transformación. La proclamación bíblica debe sanar, convencer y formar testigos misioneros; no debe complacer a la cultura ni evitar la verdad dolorosa. Cuando la palabra penetra, nacen arrepentimiento y movimiento espiritual. [54:10]
Youtube Chapters
- [00:00] - Welcome
- [00:40] - Bienvenida y familia global
- [02:47] - Texto y propósito del estudio
- [07:49] - Poder y responsabilidad del Espíritu
- [11:35] - Pentecostés y el derramamiento
- [19:34] - Proclamación de la vida de Cristo
- [24:13] - Muerte de Cristo y soberanía
- [34:34] - Resurrección y esperanza futura
- [46:15] - Destrucción de mala teología
- [54:10] - Llamado a la proclamación bíblica
- [57:45] - Oración final y cierre