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El que es lleno del espíritu santo nunca se siente vacío. El que es lleno del espíritu santo se siente saciado, jamás se siente incompleto, lo que nos lleva a nuestro tercer punto. Y es que el espíritu santo nos capacita con poder. Sigamos la línea, ¿no? El Espíritu Santo nos viene y nos convence de pecado. Luego, el Espíritu Santo, luego una vez que nos convence de pecado, nos llena, y comienza una obra de nos llena, el espíritu santo nos capacita con poder.