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Solamente es posible la tarea de hacer discípulos con la presencia, el poder, la persona del espíritu santo, porque él es el que nos da y nos transforma y cambia nuestro carácter. Él es el que nos permite que el discipulado de de nuestra parte, cuando nosotros invertimos en una persona, cuando nosotros compartimos de Jesús, cuando nosotros queremos replicarnos en ella, queremos enseñarles la verdad desde la fe, el espíritu permite que eso sea una tarea espiritual.