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El gozo no es un lujo, es una necesidad. El gozo no es una emoción superficial, es resistencia contra la desesperanza. El gozo no depende de tus circunstancias, sino quién camina contigo en medio de ellas. Esto significa que incluso en los días malos, en momentos de dolor o en rutinas agotadoras, el gozo no es un extra, sino una fuerza que nos permite seguir. No es fingir alegría, sino reconocer que Dios está presente y nos sostiene. Y esa certeza nos llena de fuerza.